Muy complejo el cuadro de situación que nos encontramos atravesando. La crisis sanitaria ya es una realidad, con los contagios creciendo a un ritmo desenfrenado, y el sistema sanitario al borde de la saturación. En paralelo, la crisis económica se torna cada día más palpable, no en los indicadores, que comienzan a disociarse de la realidad, sino en un enorme sector de la sociedad que ya no logra cumplir con una dieta alimentaria básica. La dinámica de la curva de contagios conduce indefectiblemente a mayores restricciones, y muy probablemente a una nueva restricción total, similar a la del año pasado, pero de carácter intermitente. Esta decisión se dilata en el tiempo, por un lado, por la resistencia que ofrecería desde un sector de la sociedad que demostraría rebeldía, y por otro, por la dificultad de contener el impacto económico. En este sentido, recordamos que en el presupuesto 2021 no se contemplan los grandes paquetes de asistencia, como fueron el año pasado, entre otros, el IFE y el ATP, debido al escaso margen para poder financiarlos. El acceso al crédito externo se encuentra completamente cerrado, por herencia del descalabro financiero del gobierno anterior; el impuesto a las grandes fortunas, que tardó un año en discutirse, aprobarse, y reglamentarse, sólo lleva recaudado el 10% del total; y la alternativa de recurrir a la emisión monetaria llevaría a un desequilibrio macroeconómico, con ampliación de la brecha cambiaria y mayor presión inflacionaria. Frente a este complejo escenario, desde el gobierno se intenta controlar la evolución de la curva de contagios con medidas quirúrgicamente direccionadas, pero que tienen gusto a poco. Asimismo, se plantea un debate interno en la coalición gobernante, entre la provincia de Buenos Aires que pretende restricciones más severas ya, y el Poder Ejecutivo Nacional que resiste por el momento. 

En relación con la recuperación de la actividad económica, durante marzo la recaudación del Gobierno nacional fue de $763.858 millones, lo que representa un aumento de +72% anual, equivalente a un +22% en términos reales. Es importante aclarar que a fines de marzo 2020 se encontraba vigente la fase 1 de la cuarentena estricta. Según el informe del Tesoro, tomando la variación interanual correspondiente a los catorce primeros días hábiles del mes de marzo de 2020 y 2021 (comparación sin las restricciones de fase 1), la recaudación crecía ligeramente por encima del 45% anual, exhibiendo también un crecimiento en términos reales. Los impuestos internos aumentaron +67% anual, Ganancias +72% anual, IVA +52% anual. Los impuestos externos crecieron +132% anual, Derechos de exportación +146% anual, y derechos de importación +114% anual. Esto resulta auspicioso en un momento donde indefectiblemente habrá que incrementar el gasto público como forma de asistencia. 

Por su parte, durante febrero el índice de producción industrial manufacturero cayó -1,6% mensual (vs +1,7% mensual en enero) y registró una suba interanual de +1,6% anual (desde +4,2% anual en enero). En orden de incidencia en el nivel general, los principales incrementos se registraron en industrias metálicas básicas (+16,4% anual), maquinaria y equipo (+15,4% anual) y productos minerales no metálicos (+14,4% anual). Por otro lado, las caídas más significativas ocurrieron en sustancias y productos químicos (-3,6% anual) y refinación de petróleo (-10,4% anual). Si bien el crecimiento de la industria se sostiene, existen comportamientos heterogéneos. Por su parte, el indicador sintético de la actividad de la construcción cayó -3,9% mensual (luego de registrar un aumento de +3,9% mensual durante enero). Por otro lado, en términos interanuales registró un aumento de +22,7% anual (vs +23,3% anual en enero). El consumo de asfalto aumentó +67,1% anual. Sin embargo, los puestos registrados en la actividad de la construcción cayeron -9,4% anual durante enero. Los permisos de edificación de enero subieron +23,2% anual. El caso de la escasa generación de puestos de trabajo en la recuperación de la actividad resulta preocupante y se da en varios sectores de la economía, no sólo en la construcción. La elasticidad empleo de la producción es mucho más baja que en la prepandemia, como consecuencia de los cambios ocurridos, vinculados al reemplazo tecnológico y en las comunicaciones. 

El Banco Central publicó el relevamiento de expectativas de mercado correspondiente al mes de marzo. Según el mismo, para diciembre de 2021 se espera un crecimiento de +6,7% (vs +6,2% en el elevamiento anterior), inflación de 46% anual (vs 48,1% anual), tasa Badlar (plazos fijos mayoristas) de 35,3% (vs 36,1% anual), y tipo de cambio de $115 (vs 118,6). La disparidad más marcada con las proyecciones oficiales se da en la inflación. Esta semana se va a conocer el dato de inflación de marzo, que se estima en torno nuevamente al 4% mensual. De esta forma, la pretensión del gobierno sobre un 29% de inflación este año comienza a quedar atrás, luego de acumularse cerca de un 12% en tan sólo el primer trimestre. En este sentido, Federico Bernal, interventor del ENARGAS aseguró que a partir de mayo habrá una recomposición tarifaria para las transportistas y distribuidoras de gas, pero que no se trasladará el mayor costo de adquisición del gas que tienen las empresas por la implementación del Plan Gas, lo que implicarán mayores subsidios del Estado. El impacto de la suba en los consumidores finales sería de 7% en residenciales y de 4% para PyMES. Esto apuntaría a un desenlace en favor de un sector del gobierno que pretendía estos aumentos por debajo de la pretensión original del ministro Guzmán, con la idea de reducir la cuenta subsidios del presupuesto nacional, en la búsqueda de no alejarse de la meta fiscal impuesta, de 4,5% del PBI. 

La situación es muy compleja. Por un lado, la necesidad de solucionar el frente externo financiero, con un vencimiento de US$2.400 millones con el Club de París, que puede volver a poner al país en default, y que puede activar cláusulas que dispararían intereses y punitorios. Todo esto en el marco de un acuerdo con el FMI que se dilata, y que no logra disipar el cronograma de vencimientos concentrados en el corto plazo. Mientras tanto, si bien la actividad se recompone, consecuencia del rebote desde el piso de los meses de cuarentena estricta, esta recuperación no genera empleo al ritmo necesario ni se sostendrá si no se logra recomponer el poder adquisitivo de los salarios, algo que no se logra y que resulta cada vez más difícil, dada la inercia inflacionaria. Mientras tanto, el aumento de contagios amenaza con una nueva interrupción drástica de la actividad, lo cual requerirá de asistencia económica más fuerte. Esta asistencia, dada la imposibilidad de acceso al crédito, requerirá de un ritmo mayor de emisión monetaria, lo cual puede redundar en más presión sobre los precios, vía un nuevo incremento de la brecha cambiaria, y dilatar los acuerdos internacionales. Mientras tanto, en el frente externo, si bien se mantiene un superávit comercial en torno a los US$1.000 millones mensuales, la dinámica de exportaciones se sostiene por el aumento de los precios internacionales de los commodities, que es un factor externo, mientras que caen las cantidades exportadas (lo que responde a un comportamiento de evasión y contrabando en las fronteras y las vías navegables), y por el lado de las importaciones se presenta una baja en precios y un aumento muy fuerte de las cantidades, vinculado a la recuperación de la actividad. Este último, es otro de los factores que complejizan el proceso actual, la elevada elasticidad producto de las importaciones, que puede conducir a un estrangulamiento en el ingreso genuino de dólares. 

En este momento, las restricciones graduales parecieran absolutamente insuficientes para frenar la escalada de contagios, y la saturación del sistema de salud ya es una realidad. Una cuarentena estricta intermitente pareciera ser la única solución al alcance de la mano para frenar la escalada de las curvas, con la necesaria asistencia económica a todos los sectores afectados, y en particular a los más vulnerables. Esto requerirá una expansión del gasto por encima de las metas presupuestadas, y recurrir a la emisión monetaria como una de las vías de financiamiento. La realidad no brinda margen para otra cosa. El costo económico de un colapso resultará más alto al final del camino, y las vidas que se pierdan en el camino no tienen precio.