Se acerca un momento clave de definición para el futuro de la economía argentina, a partir del ingreso en los próximos días del programa plurianual, con objetivos para las principales variables macroeconómicas, que apunta a lograr un acuerdo con el FMI, antes de terminar el primer trimestre del año próximo. Los vencimientos con el organismo de acá a marzo son imposibles de cumplir, dada la escasez de dólares que presenta la economía. El incumplimiento de estos pagos ocasionaría una situación de default, un acuerdo evitaría esto y permitiría el financiamiento externo con otros organismos, pero implica el acuerdo sobre un conjunto de decisiones de política económica, que deberán estar consensuadas por el oficialismo en su totalidad, la oposición, y el organismo internacional. La ley 27.612, de fortalecimiento de la sostenibilidad de la deuda pública, establece que esta operación requiere autorización del Congreso de la Nación. Otra alternativa, a mitad de camino, si es que no se alcanza un acuerdo antes de marzo, es que entre el gobierno nacional y el organismo se establezca una postergación de los vencimientos, lo cual no configuraría un evento de default, pero cerraría la ventana de acceso al crédito de parte de otros organismos, algo que está contemplado en el presupuesto nacional 2022. Dicho presupuesto está elaborado bajo el supuesto de que se alcanzará un acuerdo con el FMI durante el primer trimestre del año. En caso de que esto no ocurra, resulta muy difícil vislumbrar alternativas para ese financiamiento, lo cual redundará en mayores restricciones por escasez de divisas, comprometiendo la recuperación de la actividad económica.

Esta situación explica la actual combinación de buenas noticias vinculadas con la economía real, con una actividad que se recupera mucho más rápido de lo esperado, un ingreso de dólares por el canal comercial que marca récord, pero una tensión muy fuerte sobre la falta de sostenibilidad vinculada al frente financiero. La herencia del gobierno de Macri en materia de deuda actúa como un muy fuerte condicionante, y lo hará por mucho tiempo.

Un breve repaso sobre algunos indicadores dados a conocer la semana pasada dan cuenta del buen momento de la economía real. En septiembre el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) tuvo una variación de +1,2% mensual (desde +1,4% mensual en agosto), siendo el tercer mes con desaceleración consecutiva. Sin embargo, en el acumulado del año, el aumento de la actividad económica es del +10,9% anual, mientras que comparado con el mismo mes del 2020 la variación es de +11,6% anual. Si comparamos contra el nivel pre pandemia, el nivel de la actividad económica se ubica en +3,4%, mientras que si comparamos contra el mismo mes del 2019 se ubica en +3,1%. Es decir, ya se retornó a niveles prepandemia. No se trata de buenos niveles de actividad, ya que en aquel entonces veníamos de transitar dos años de recesión, a partir de las políticas económicas del gobierno anterior, pero es de destacar que la recuperación resultó más rápida de lo esperado. Por otra parte, la Balanza Comercial reflejó en octubre un superávit de U$S 1.601 millones (desde U$S 1.684 millones en septiembre). Las exportaciones mostraron un aumento del 46,5% anual, mientras que las importaciones aumentaron por debajo de estas, un +31% anual. El saldo comercial acumulado del año asciende a U$S 13.940 millones (+11,5% anual), mientras que el acumulado en doce meses es de U$S 13.962 millones (-19% anual). Este año cerrará con el superávit comercial más alto de los últimos diez años. Mirando los principales socios comerciales, el saldo comercial con Brasil mostró un superávit de U$S 115 millones (exportaciones +50% anual, e importaciones +13% anual), China con un saldo comercial de U$S -809 millones (exportaciones +19% anual, e importaciones +54% anual), y Estados Unidos con un saldo de U$S 58 millones (exportaciones +84% anual, e importaciones +11% anual).

En relación al consumo, principal componente de la demanda agregada, y principal impulsor del crecimiento económico, durante septiembre las ventas en supermercados aumentaron +59,9% anual (desde +55,3% anual en agosto) en precios corrientes, mientras que en precios constantes el aumento es de +6,4% anual (-23% desde diciembre 2020). Por su parte, las ventas en shoppings aumentaron +540% anual a precios corrientes, debido a que en el 2020 la mayoría de los shoppings del país se encontraban cerrados. A precios constantes el aumento es de +307% anual, aunque el valor de las ventas viene cayendo por tercer mes consecutivo.

En relación a la escasez de dólares, y la necesidad de asignar prioridades con el objetivo de no retener la recuperación de la actividad, el BCRA comunicó dos nuevas medidas la semana pasada. Por un lado, las entidades financieras y no financieras emisoras de tarjetas de crédito no deberán financiar en cuotas las compras efectuadas mediante tarjetas de crédito (de personas humanas y jurídicas) de pasajes al exterior y demás servicios turísticos en el exterior. Por el otro, flexibilizó las condiciones de acceso automático al mercado cambiario para las importaciones de bienes de capital con pagos anticipados de hasta 270 días, para todos los bienes con valores de hasta U$S 1 millón. Claramente, el objetivo es que la prioridad de asignación de las divisas tenga que ver directamente con el aparato productivo. Se trata de una medida antipática para sectores de clase media que encuentran en el financiamiento una forma de poder viajar al exterior, pero que responde a una realidad vinculada con las decisiones que tomó el gobierno anterior. Deberían ser mejor comunicadas y explicadas estas medidas, para evitar un malestar social mal direccionado.

El BCRA publicó el balance cambiario del mes de octubre. La cuenta corriente tuvo un superávit de U$S 557 millones, desde un déficit de U$S -785 millones en septiembre (último superávit fue en julio 2021). La balanza comercial mostró un superávit de U$S 1.661 millones (desde U$S 648 millones en septiembre), principalmente debido a que las importaciones cayeron -25% mensual y las exportaciones solamente -6% mensual, afectado por las restricciones a las importaciones. En términos anuales las variaciones son +12% y +49% respectivamente para importaciones y exportaciones. La cuenta turismo mostró un déficit de U$S -265 millones (+86% anual). La cuenta de intereses mostró un déficit de U$S -193 millones (-21% anual). La cuenta financiera tuvo un déficit de U$S -843 millones. El sector privado no financiero tuvo compras netas de divisas por U$S 598 millones (desde U$S 378 millones en septiembre), mientras que el sector privado financiero tuvo también compras netas por U$S 31 millones (desde ventas netas durante septiembre por U$S 293 millones). El sector público tuvo compras netas por U$S 309 millones. El monto de intervención del Banco Central en el mercado de capitales fue de U$S 292 millones en octubre de 2021, y acumula U$S 2.360 millones desde octubre de 2020. Los bancos extranjeros terminaron el mes con una posición comprada en futuros de U$S 146 millones, luego de comprar U$S 731 millones (revirtieron su posición), y los bancos locales finalizaron con una posición vendida (manteniendo su posición) en U$S 237 millones, luego de comprar U$S 30 millones.

En relación al FMI, trascendió que el Ejecutivo busca firmar un entendimiento antes de fin de año, sin pagos de capital durante tres años y el ingreso de fondos de otros países. Ya en septiembre, el ministro de Economía, Martín Guzmán, explicitó que el objetivo de las negociaciones con el organismo “es no enfrentar pagos con el Fondo en el período de 2021 a 2024” para lograr un alivio en la carga financiera que deberá afrontar el país con el pago de US$ 19.100 millones en 2022, US$ 19.300 millones en 2023 y US$ 4.900 millones en 2024. Pero según los últimos trascendidos, el FMI devolvería además al país lo que haya pagado la Argentina de los US$ 4.334 millones que recibió por la última ampliación de los derechos especiales de giro (DEG).