Mientras la actividad económica se recupera muy lentamente, las tensiones cambiarias permanecen contenidas momentáneamente sin haberse solucionado los problemas de fondo, y la incertidumbre acerca del futuro de la pandemia plantea un gran interrogante acerca de la evolución de las principales variables económicas para el año que viene. La fuerza de los rebrotes observados en Europa y los Estados Unidos en las últimas semanas sientan un complejo precedente, ya que nuestra economía no está preparada para soportar otro embate similar al de este año, y ya no habría margen para poner en funcionamiento los programas de asistencia que se implementaron en los últimos meses. De este modo, la contención en la circulación del virus, vacunas mediante, es el foco principal de cualquier análisis y de cualquier diseño de política pública. El cierre de este año se presenta muy complicado, dada la fragilidad social, el deterioro económico, y el fin de los programas de asistencia extraordinaria, como el IFE y el ATP. Si bien se contempla la ampliación de partidas presupuestarias de asistencia, como los aumentos extraordinarios, hay una cantidad importante de beneficiarios que dejarán de recibir ingresos de aquí en adelante. 

En medio de este contexto altamente incierto, el equipo económico intenta llegar a un acuerdo con el FMI, explorando una vía alternativa, que implique no sucumbir frente a las exigencias del organismo. Un desafío bastante difícil de lograr, ya que, a pesar de que las autoridades del FMI reconocen haber violado su propia carta orgánica e incluso haber respondido a órdenes del gobierno de los Estados Unidos con fines estrictamente electorales, si la Argentina lograra su objetivo quedaría sentado un complejo precedente para un organismo que representa los intereses de los sectores más poderosos del mundo. A partir del año próximo la Argentina debería empezar a pagar según lo determina el cronograma vigente. El ministro ha manifestado que espera tener un acuerdo alcanzado para marzo o abril del año próximo. 

Mientras tanto, las Reservas Internacionales del BCRA siguen cayendo, y enciende una alarma acerca del futuro próximo del tipo de cambio. En el último mes, acumulan una caída de U$S 1.867 millones. Esto debilita la posibilidad de sostener la senda devaluatoria actual a lo largo del tiempo, en caso de que la expectativa devaluatoria continúe presente. 

Una de las claves sobre el devenir de la economía el año próximo es el déficit fiscal. Este año finalizará en torno a los 7/8 puntos porcentuales del PBI, y para el año próximo, según el presupuesto nacional sería recortado hasta 4,5% del PBI. La duda por parte del mercado es si esto es posible, y la otra gran duda, es si con ese recorte es posible sostener la recuperación de la actividad. La semana pasada se conoció el déficit primario de octubre, que fue de $81.627 millones (desde $-167.181 millones en septiembre y un superávit de $8.527 millones en octubre 2019). El pago de intereses fue de $31.069 millones, el más bajo desde agosto 2019, llevando el déficit financiero a $112.696 millones. Los ingresos alcanzaron $454.326 millones, un +28% anual, desacelerándose con respecto a septiembre (+34% anual). en términos reales cayeron -6,5% anual. Se destaca el aumento de Ganancias (+99% anual) y Bienes personales (+591% anual), mientas que IVA y Débitos y Créditos crecieron a menor velocidad (+27% anual y +26% anual). Los gastos primarios fueron de $535.953 millones, +55% anual, desacelerándose también con respecto a septiembre (+72% anual) siendo la variación interanual más baja desde febrero. En términos reales crecieron +13% anual. Se destaca el aumento en subsidios (+163% anual), transferencias a provincias (+133% anual), mientras que prestaciones sociales creció a menor velocidad (+54% anua.). En el acumulado del año, el déficit primario alcanza –5,4% del PBI (-5,9% si se toman los últimos 12 meses), mientras que el déficit financiero alcanza -7,2% del PBI (-8,3% para los últimos 12 meses). La falta de alternativas para financiar un déficit tan elevado es lo que condiciona inversiones, genera tensión sobre los precios y expectativa devaluatoria. El esfuerzo del gobierno está en sostener la expectativa de que se transita hacia el equilibrio fiscal, aunque el mercado se encuentra a la expectativa de resultados concretos. Por este lado, el Tesoro utilizará los $344.000 millones en transferencia de utilidades del BCRA disponibles para financiar parte del déficit para fin de año. En lo que va de noviembre, las trasferencias por utilidades fueron de $30.000 millones, mientras que en lo que va del año acumula $1.232.000 millones. Se trata de un volumen de emisión muy importante e insostenible a este ritmo. 

En el marco de una inflación que se acelera, la empresa estatal YPF subió 2,5% el precio de los combustibles el lunes 23 de noviembre. En CABA la suba promedio fue de 2,85%. Esto genera más presión sobre el conjunto de precios de la economía, dado que incremento el costo de logística. 

En relación a la lenta recuperación de la actividad económica con la que comenzamos este informe, se conocieron datos oficiales la semana pasada. El estimador mensual de la actividad económica registró durante septiembre un incremento de +1,9% mensual (creciendo en términos intermensuales por quinto mes consecutivo). Sin embargo, en términos interanuales cayó -6,9% anual (menor caída interanuales desde el inicio de la cuarentena) y en lo que va del año acumula una caída de -11.9% en comparación con el mismo período del año anterior. Los sectores más afectados fueron Hoteles y restaurantes (-59,5% anual), Actividades de servicios comunitarios y sociales (-50% anual), y Transporte y comunicaciones (-19% anual).

También se conocieron la semana pasada datos oficiales acerca de un resultado clave para el mercado cambiario. La Balanza Comercial durante octubre registró un superávit de U$S 612 millones (desde U$S 582 millones en septiembre y U$S 1.768 millones en octubre de 2019). De esta manera, el saldo acumulado en los últimos 12 meses es de U$S 16.897 millones. En muy buen resultado. Es muy buena la foto, pero preocupa la película, porque si bien el resultado acumulado marca un récord en los últimos años, los datos mensuales vienen marcando un serio deterioro. Las exportaciones cayeron -21,6% anual, a U$S 4.616 millones (los precios aumentaron +2,4%, pero hubo una caída de -23,5% en las cantidades exportadas). Las importaciones cayeron -2.8% anual, a U$S 4.004 millones (las cantidades cayeron -5,8% y los precios aumentaron +3,2%).

El consumo interno sigue sin repuntar. Durante septiembre, las ventas en supermercados cayeron -2,3% anual a precios constantes (vs -5,6% anual en agosto). Las ventas en centros de compra durante septiembre cayeron -81,4% anual a precios constantes (vs -79% anual en agosto). Para revertir esto será necesario recuperar el poder adquisitivo de los salarios, algo bastante lejano por el momento. Con la excepción de algunos pocos sindicatos que lograron incrementos por encima de los precios, el restó perdió y bastante frente a una inflación que no cede. 

En el balance cambiario presentado por el BCRA se observan datos que generan preocupación. La cuenta financiera tuvo un déficit de U$S -1.302 millones (desde U$S -952 millones en septiembre y U$S -5.402 millones en octubre de 2019). El sector privado no financiero tuvo compras netas por U$S 687 millones, desde compras netas por U$S 1.098 millones en septiembre y U$S 4.520 millones en octubre de 2019. El sector privado financiero tuvo ventas netas por U$S 371 millones, desde ventas por U$S 201 millones en septiembre. Las compras de minoristas (personas humanas) totalizaron U$S 209 millones, y vendieron U$S 10 millones (desde compras por U$S 631 millones y ventas por U$S 52 millones en septiembre), realizado por casi 1,1 millón de personas, desde casi 3,4 millones en septiembre. Si bien las restricciones en el acceso al mercado cambiario lograron reducir la salida de dólares y la cantidad de operaciones, aún la tendencia se sostiene. En síntesis, se reduce el resultado comercial, único ingreso genuino de dólares, mientras que se sostiene la salida por diferentes canales, lo que termina generando la continuidad de la baja en las reservas, que debilita la posición de BCRA y retroalimenta la presión sobre el tipo de cambio.