La economía argentina plantea un escenario complejo para el resto del año, y más aún, de cara al proceso eleccionario de septiembre y noviembre. Por un lado; la recuperación de la actividad se sostiene, aunque va perdiendo algo de fuerza; la inflación presenta cierta desaceleración, pero en niveles aún muy altos; y la brecha cambiaria comienza a ser una importante preocupación. La convivencia de cada vez más alternativas de acceso al dólar generan una situación de incertidumbre que juega en contra de la recuperación de la actividad, en particular vía inversión. La brecha cambiaria siguió creciendo los últimos días, en particular en el dólar blue y en aquellas alternativas legales que no son alcanzadas por las mayores restricciones impuestas, en el mercado bursátil. Este incremento de la brecha podría seguir los próximos días. Es importante tener en cuenta que el valor de 195 alcanzado en el pico de la suba de octubre del año pasado, ajustado por inflación al día de hoy, sería de un valor de $263. Este incremento de la brecha adiciona presión inflacionaria y eleva el riesgo de sufrir este año otra pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Asimismo, los números fiscales de la primera mitad del año no serán los mismos que los de los meses venideros. De hecho, ya en junio se observa un importante cambio de tendencia, con un déficit fiscal que comienza a crecer, y que requerirá, indudablemente, de mayor emisión monetaria, generando presión adicional al tipo de cambio. Por su parte, si la inflación no cede, comienza a acumularse cierto atraso cambiario en el dólar oficial, que debería acomodarse acelerando el ritmo de devaluación o de un salto, en un futuro próximo. La segunda mitad del año demandará una mayor asistencia del Banco Central al Tesoro, estimando una emisión monetaria del orden del 1,5 billón de pesos para todo el año en concepto de adelantos transitorios, utilidades y liberación de encajes. Los esfuerzos del BCRA para esterilizar (quitar de circulación) los pesos volcados en la economía serán crecientes, previendo que los pasivos monetarios (pases y leliq) superen el 16,9% del PBI en el último trimestre desde el 15,7% actual. Si bien se advierte una mayor demanda de dinero de la mano del rebote de la actividad económica y menores registros mensuales de inflación, el exceso de pesos en la economía continuará presionando sobre la brecha cambiaria, generando mayor tensión hacia delante. Sin embargo, la demanda de dinero podría continuar en los próximos meses, con el consumo privado rebotando (+6,9% anual en el tercer trimestre y +6% anual en el último) y una inflación que podría ubicarse por debajo del 3% mensual. Proyectando que el déficit fiscal primario en el segundo semestre del año alcance un 3,1% del PBI (sin contar el ingreso extraordinario de los Derechos Especiales de Giro del FMI). De este modo, en el segundo semestre las necesidades del Tesoro para cubrir el rojo primario totalizarán $ 1,3 billones. En consecuencia, si se desea evitar que la asistencia monetaria en forma de utilidades y adelantos transitorios supere los $ 870.000 millones que restan de lo estipulado en el Presupuesto ($ 1,2 billones), se debería observar un cociente de financiamiento neto del 126% en el segundo semestre, en línea con lo que se observó al momento. Es decir, una renovación por un 26% por encima del total de vencimientos de deuda en pesos. Para esto será necesario sostener altas tasas de interés, que conducen al ahorro a priorizar lo financiero, en detrimento de las inversiones en la economía real. 

El déficit fiscal primario fue de $153.217 millones en junio, desde un superávit de $25.714 millones en mayo, y un déficit de $253.706 millones en junio 2020. Luego del pago de intereses, el déficit financiero mostró un déficit de $207.947 millones, desde un déficit de $64.618 millones en mayo y un déficit de $288.565 millones en junio 2020. En el acumulado de la primera mitad del año el déficit primario acumula -0,6% del PBI (desde -3,7% del PBI en junio 2020) mientras que el déficit financiero acumula -1,5% del PBI (desde -5% del PBI en junio 2020). Los ingresos totales aumentaron +90% anual, afectados por la base de comparación del 2020, destacándose los derechos de exportación (+141% anual), de importación (+116% anual) e IVA (+96% anual). Los gastos primarios aumentaron +40% anual también afectados por la base de comparación del 2020. En paralelo, por el lado de la emisión monetaria, el 15 de julio el BCRA le transfirió al Tesoro $50.000 millones, siendo la segunda en el mes y acumulando $130.000 millones en 15 días. En lo que va del año las transferencias acumulan $460.000 millones equivalentes al 1,3% del PBI, por debajo del acumulado para el mismo período del 2020, de 5,2% del PBI. En lo que va del mes la base monetaria aumentó +10,8% con respecto al cierre de junio y acumula una suba de +23% desde principios de año.

En relación a la inflación, se conocieron más resultados relevantes en la última semana. La inflación mayorista, en junio avanzó un 3,1% mensual (desde 3,2% mensual en mayo). De esta manera, acumula en lo que va del año un aumento de 29,8% y de 65,1% en los últimos doce meses. En particular, los productos nacionales aumentaron 3,2% mensual y 65,2% anual, y los productos importados un 2,5% mensual y +63,4% anual. Por su parte, el índice del costo de la construcción aumentó durante junio un 2% mensual (desde 2,7% mensual en mayo) y en lo que va del año acumula un incremento de 24,2%. En los últimos doce meses, el índice avanzó 62,4%. En cuanto a los componentes, los materiales subieron un 3,6% mensual y +86,1% anual, la mano de obra 0,6% mensual y 44,4% anual, y los gastos generales 1,4% mensual y +57,9% anual.

Por su parte, la canasta básica de alimentos (utilizada para la medición de indigencia) subió +3,6% mensual en junio mientras que la canasta básica total (utilizada para la medición de pobreza) aumentó +3,2% mensual, con una inflación mensual de 3,2%. En el mismo período. En el acumulando de doce meses, se observó una suba de +57,6% anual, y +51,8% anual respectivamente. La variación anual de ambos indicies se encuentra por encima del dato de inflación anual a junio, que fue de +50,8% anual. Este sesgo de la inflación sobre productos de necesidades básicas resulta alarmante. 

 En cuanto a la actividad económica, durante mayo, el estimador mensual de la actividad económica (EMAE) registró una caída de -2% mensual (vs -0,3% mensual en abril). En términos interanuales, avanzó +13,5% anual (vs +29,6% anual en abril 2021). De esta manera, en lo que va del año el estimador acumula un incremento de +9,5% con respecto al mismo período del año anterior. Los aumentos más destacados según su incidencia en el índice se observaron en industria manufacturera (+29,9% anual), comercio (+23,3% anual) y actividades inmobiliarias (+14,7% anual). Por otro lado, la caída más significativa se registró en el segmento agricultura y ganadería (-4,3% anual).

En cuanto al frente externo, la balanza comercial de junio arrojó un superávit de U$S1.067 millones (desde U$S 1.672 millones en mayo 2021, y U$S 1.487 millones en junio 2020). Durante los últimos doce meses el saldo acumulado alcanzó los U$S 10.955 millones. Las exportaciones subieron +45,8% anual, y alcanzaron los U$S 6.976 millones, y las importaciones alcanzaron los U$S 5.909 millones, y avanzaron +79,1% anual. Esta dinámica de mayor crecimiento de las importaciones, como consecuencia de la recuperación de la actividad, pueden derivar en un achicamiento del resultado comercial y comprometer el ingreso de dólares en la segunda mitad del año. 

Luego de varias discusiones internas en el oficialismo acerca del destino de los fondos que se recibirán por la ampliación de Derechos Especiales de Giro (DEG) de parte el FMI, de los cuales le corresponden a la Argentina US$4.355 millones, la vicepresidenta Cristina Kirchner dijo que los fondos provenientes se utilizarán para los pagos de deuda con el organismo y no para proyectos de gasto corriente destinados a reactivación post pandemia. De esta forma, se despejaría el horizonte de vencimientos con el organismo este año y queda margen para un acuerdo sin caer en default.