La circulación del coronavirus es una realidad, y la evolución de contagios y nuevos casos de Covid-19 no logra contenerse, lo cual permite prever el colapso del sistema sanitario en los próximos días, de continuar esta tendencia. Así, el único intento que queda para buscar evitar el colapso del sistema, es retornar a una situación de aislamiento total, la cual tampoco garantiza que se logre el objetivo, pero es claro que vale el intento, porque de otra forma, el colapso resultaría inevitable. Tanto con el sistema de salud colapsado, como con la cuarentena total, el costo económico es inevitable y muy alto. Por eso, la prioridad es, y debe ser, la salud, aunque un sector de la sociedad intente plantear el falso dilema entre la salud o la economía. Van de la mano una de la otra.

El gobierno enfrenta tres frentes de tormenta muy complejos: el control de la pandemia, la negociación por la deuda y el conflicto con el sector agroexportador y una parte de la sociedad, tras el intento de expropiación de Vicentin. Con excepción del virus, que es algo nuevo e inédito y que además afecta a todos los países del mundo, los otros dos son viejos enemigos de todo movimiento nacional y popular. Se encuentran por detrás de esto, el conflicto por un modelo productivo o de valorización financiera, y el desequilibrio estructural de nuestra economía, que conduce al falso debate entre industria o producción primaria. En medio se mezclan posiciones ruidosas y sin sustento, fomentadas desde algunos comunicadores sociales, como el fantasma del comunismo, la comparación con Venezuela, el temor por el respeto de la propiedad privada, entre otros. El riesgo, es que discusiones económicas terminen escalando en al plano de lo político y terminen en conflictos fuertes que a veces generan cierta desestabilización de la autoridad. Hay algunos sectores que buscan deliberadamente este escenario. Lo cierto es que, mientras la intermediación financiera esté sujeta a la lógica especulativa de corto plazo que rige el comportamiento de los agentes que conforman ese espacio, y mientras el único canal de ingreso de divisas a nuestro país se encuentre concentrado en un puñado de multinacionales que defienden sus intereses económicos particulares, resulta casi imposible pensar en un desarrollo nacional. Ese debate profundo se encuentre siempre latente en algunas discusiones más superficiales.

En relación a la reestructuración de la deuda, el gobierno, tras haber mejorado nuevamente la oferta, desde la inicial presentada en abril, ha extendido el plazo, con vencimiento 22 de julio para las presentaciones. No se trata esta vez de una fecha arbitraria, porque el 30 de julio se vence el período de gracia que comienza a correr el 30 de junio, a partir del no pago del vencimiento de los bonos de descuento. Una vez transcurrido ese período se abre la ventana para la presentación de demandas judiciales en los Estados Unidos, que pueden pedir la aceleración y empujar a un default definitivo. Por el momento, si bien la diferencia en términos de valor presente neto, no parece muy grande, empiezan a jugar aspectos judiciales, y pedidos de parte de los grandes grupos de tenedores de títulos, que el gobierno no está, por el momento, dispuesto a ceder. Tampoco hay un sustento a la oferta, basado en un programa económico claro, ya que el nivel de incertidumbre es muy alto. De esta forma, el acuerdo peligra y, en caso de fracasar la negociación, se genera otro conflicto importante para el funcionamiento de la economía argentina, que se sumaría a todas las complicaciones existentes.

Mientras tanto, la economía real se encuentra sufriendo y mucho. Locales comerciales que cierran definitivamente, empresas que no pueden pagar los salarios, y muy bajos niveles de producción.

En los últimos días varios datos dieron cuenta de esa situación. Durante mayo la producción de acero alcanzó las 194.300 toneladas, lo que representa una caída interanual del 52,2%. En comparación con abril, registró un aumento de 81,4% mensual. En mayo, las empresas del sector volvieron a la actividad industrias que habían permanecido paralizadas en abril debido a la cuarentena. Sin embargo, la caída en relación al año pasado, que ya presentaba niveles muy bajos, es muy fuerte. La producción de laminados terminados en caliente durante mayo alcanzó las 190.200 toneladas, un 74,3% por arriba del nivel de abril. Sin embargo, en términos interanuales sufrió una caída de 55,5%.

En relación a los precios, durante mayo la inflación mayorista avanzó +0,4% mensual (vs -1,3% mensual en abril), y de esta manera acumula en los últimos 12 meses un aumento de 37%. El índice del costo de la construcción cayó -0,6% mensual durante mayo (vs -1% mensual en abril). En lo que va del año, acumula un aumento de 8,6% y en los últimos 12 meses registra un incremento de 40,8%. Esta desaceleración de la inercia inflacionaria responde a la fuerte recesión que presenta la economía, aunque el ritmo de emisión monetaria genera dudas acerca de una contención de precios que explote en un futuro no muy lejano, en la medida en que la actividad se recomponga. El 19 de junio (último dato disponible) el Banco Central le transfirió al Tesoro Nacional $ 120.000 millones en concepto de utilidades (la última transferencia había sido en 12 de junio), acumulando en el mes un total de $200.000 por transferencias. En el acumulado del año, el financiamiento monetario al tesoro (entre transferencia de utilidades y adelantos transitorios) acumula $ 1.252.000 millones (63% de la base monetaria).

Por otro lado, la base monetaria cae al 12% mensual, aunque crece al 58% anual. Mientras tanto, mediante el Decreto 543 el Gobierno prorrogó el congelamiento de tarifas de energía y gas hasta fin de año. Se incluye además la imposibilidad de suspender los servicios por falta de pago a las empresas prestadoras de los servicios de energía eléctrica, gas por redes y agua corriente, telefonía fija o móvil e Internet y TV por cable, por vínculo radioeléctrico o satelital.

Generan mucha preocupación los datos de resultado fiscal del mes de mayo. El resultado fiscal arrojó un déficit primario de $251.287 millones, empeorando el déficit de abril que fue de $-228.822 millones (en mayo 2019 hubo un superávit de $25.974 millones). Se computaron intereses pagados por $56.932 millones, por lo que el déficit financiero fue de $ -308.219 millones. Los ingresos totales crecieron apenas un +2% anual y alcanzaron los $328.121 millones, lo que implica una caída de -28,6% anual en términos reales (desde una caída de -22% en términos reales en abril). Dentro de los ingresos tributarios se destaca la caída de IVA neto (-8% anual), Débitos y créditos (-5% anual) y Derechos de exportaciones e importaciones (-36% anual y -3% anual respectivamente), compensado en parte por contribuciones a la seguridad social (+12% anual) y ganancias (+3% anual). Los gastos primarios aumentaron un +97% anual (+37% en términos reales) y registraron $479.408 millones. En abril, los gastos también habían aumentado +97% anual. Se destacan los aumentos en prestaciones sociales (+98% anual), subsidios económicos (+179% anual) y transferencias corrientes a provincias (+500% anual). El déficit primario sobre el PBI cayó a -3,25% en el acumulado de 12 meses (y -2,7% sobre el PBI para el acumulado en el 2020), mientras que el déficit financiero cayó a -6,3% del PBI (y -3,8% sobre el PBI para el acumulado del 2020). Este resultado, y su dinámica en los próximos meses generan mucha preocupación, ya que es esperable que los ingresos se sigan resintiendo, debido a la recesión que se acentuará con la extensión sobre las restricciones de movilidad, mientras que el gasto deberá seguir creciendo, con el objetivo de atender a los sectores afectados por la situación, que son casi todos. Al ser la única fuente de financiación la emisión monetaria, preocupa la acumulación de presión sobre el tipo de cambio, hoy contenido por restricciones en el acceso al mercado cambiario.

Los datos de actividad económica del primer trimestre del año permiten observar la muy mala dinámica que presentaba la economía argentina previo a la aparición del virus, como consecuencia de la política económica del gobierno anterior. El PBI correspondiente al primer trimestre de 2020 cayó -5,4% en comparación con el mismo trimestre del año anterior. Debe tenerse en cuenta que de los 90 días en cuestión, solo los últimos días resultaron afectados por el freno en la actividad, consecuencia del aislamiento obligatorio. Respecto al último trimestre de 2019, la serie desestacionalizada registró una caída de -4,8%. Durante el 2019 el PBI habría caído -2,1%. En relación a la evolución de sus componentes, se observa que el consumo privado cayó un -6,6% anual (desde -2,1% en IV trim 2019 y -10,1% en I trim 2019), el consumo público un -0,7% anual (de -1,6% en IV trim 2019 y -1,3% en I trim 2019), las exportaciones -4,7% anual (desde +7,6% en IV trim 2019 y +0,2% en I trim 2019), la inversión -18,3% anual (desde -8,5% en IV trim 2019 y -25% en I trim 2019), y las importaciones -16% anual (de -11,4% en IV trim 2019 y -25,1% en I trim 2019). Por su parte, el desempleo volvió a los dos dígitos, a un nivel que había abandonado allá por el 2006. Durante el primer trimestre del año el desempleo alcanzó el 10,4%. Durante el I trim 2019 había sido 10,1%, mientras que el trimestre anterior había registrado 8,9%.

En relación a las ventas minoristas, durante abril, las ventas en centros de compras cayeron un -98,6% anual a precios constantes. Esto responde a que los centros comerciales permanecieron cerrados durante el mes de abril en casi todo el territorio nacional. Por su parte, las ventas en supermercados en abril crecieron +0,2% anual a precios constantes. Se trata de un aumento insignificante para el único rubro activo, el de alimentos.

El FMI publicó sus Perspectivas Económicas Mundiales (WEO). Se proyecta que la Argentina tendrá una caída del PBI del -9,9% en el 2020 (mayor caída a la del promedio de la región, que sería de -9,7%) con una recuperación de +3,9% en el 2021 (por encima del promedio de +3,7% para la región). Para la economía mundial proyectan una caída de -4,9% en el 2020 (desde una caída de -3% proyectada en abril) con una recuperación de +5,4% para el 2021. Muchos países desarrollados, como España, Italia, Francia y Gran Bretaña, presentan proyecciones de caídas más fuertes que la Argentina. De todas formas, la incertidumbre es muy alta aún, y dependerá de la evolución del virus, el resultado final.