Los datos conocidos la semana pasada confirman la preocupante inercia inflacionaria, que no cede a pesar de un conjunto de políticas económicas antiinflacionarias lanzadas. Si bien, la desaceleración está presente en los datos, ya que luego del 4,8% mensual en marzo, 4,1% en abril, 3,3% en mayo, se confirmó un 3,2% en junio, estamos en presencia de registros muy altos en un contexto complejo. Los datos confirmaron un 25,3% acumulado en el primer semestre, y un 50,2% anual. Más adelante repasamos los detalles que se desprenden del análisis al interior del índice de precios al consumidor de junio. Los datos agregados generan varias reflexiones. Por un lado, el agregado de 25,3% en el primer semestre nos lleva a que la meta del 29% plasmada en el presupuesto nacional y utilizada como faro hacia el cual lograr la convergencia de precios y salarios, ha quedado definitivamente en el olvido, ya que muy probablemente el mes próximo hayamos alcanzado ese registro. Recordemos que la paritaria de bancarios cerrada en el mes de marzo, hace apenas tres meses atrás, se cerró con ese valor. Obviamente, ya hubo una reapertura que la llevó a 45%, y se prevén más reaperturas antes de fin de año. El problema que se plantea ahora es que el intento de mejorar el poder adquisitivo de los salarios, sobre lo cual insisten desde el gobierno, ha perdido ese faro que intentó la proyección presupuestaria. Y sin pronóstico cierto resulta muy difícil cerrar un acuerdo paritario que recupere poder adquisitivo, y que no se transforme en fuente de presión inflacionaria. Asimismo, desde el sector público los aumentos van muy por detrás, dada la intención de cuidar el resultado fiscal, y contener el incremento del gasto público, y en el caso de los privados, la gran mayoría de los sectores resultó muy golpeado por la crisis, y sin margen para otorgar aumentos de la magnitud necesaria. En este caso, estaríamos transitando un nuevo año de pérdida de poder adquisitivo de los ingresos, el sexto, luego de los cuatro años del gobierno de Macri, donde con intencionalidad manifiesta se buscó reducir los salarios de los trabajadores activos y pasivos, del 2020 con el impacto de la pandemia, y ahora este complejo 2021. Lo cierto es que esta realidad no sólo incrementa los niveles de pobreza, y atenta contra la calidad de vida de las clases medias, sino también se pierde el principal motor de impulso de la recuperación de la actividad económica. Resulta completamente necesario, que el consumo privado impulse la demanda, para sostener la recuperación de la actividad comercial y productiva, y para esto, es condición necesaria recuperar poder adquisitivo y estimular el crédito bajando las tasas de interés, algo que tampoco ocurre, y sobre lo cual también atenta la inflación alta. Lo que resulta muy preocupante de la dinámica inflacionaria actual en la Argentina es que ocurre con una batería de políticas antiinflacionarias lanzada. Desde lo micro, programas como Precios Cuidado, Precios Máximos, Precios de referencia, topes a los aumentos, entre otros, buscan contener las subas a través de acuerdos con formadores de precios y grandes cadenas.

Desde lo macro, se lleva adelante una exitosa búsqueda de un equilibrio fiscal, se ha moderado el ritmo de crecimiento del gasto público, aún en un contexto de crisis, y ha mejorado sustancialmente la recaudación en relación al derrumbe del año pasado. Todo esto quita presión en el frente monetario, ya que se redujo significativamente el ritmo de emisión monetaria para financiar al fisco. Desde el frente cambiario, la sucesión de regulaciones tiene controlado tanto al mercado cambiario oficial, con un dólar que se desliza muy por debajo de la evolución de los precios, buscando cumplir la función de ancla nominal, como también se controlan los tipos de cambio alternativos (CCL y MEP), con intervenciones directas en el mercado de bonos, y con cada vez más regulaciones. A todo esto, se suma el compromiso explícito de no subir los combustibles en lo que resta del año, y de mantener congeladas las tarifas de los servicios públicos. Con todas estas medidas en marcha, con muy bajos niveles de actividad y una recuperación que pierde fuerza, estamos con una inflación por encima del 50% anual. Esto plantea un desafío realmente muy complejo, que permite adelantar que el registro de inflación de este año terminará en torno al 50%. Esto confirmaría que estamos con un nuevo registro inflacionario en la Argentina, de aquellos años pre 2015 donde convivíamos con un nivel de 20/25% de inflación anual, a esta realidad de tasas del doble de aquellas, en torno al 50%. Resulta imposible convivir con tasas de inflación tan altas a lo largo del tiempo.

En el frente monetario, el BCRA le transfirió al Tesoro el 6 de julio $80.000 millones en concepto de utilidades. La transferencia anterior había sido el 25 de junio, por $90.000 millones. En lo que va del año, acumula un total de $410.000 millones entre adelantos y utilidades (1,2% del PBI), desde $1.352.000 millones en igual período del 2020 (3,9% del PBI). Aquí se observa claramente el impacto del recorte de los gastos extraordinarios por pandemia del año pasado, así como el ajuste sobre los haberes jubilatorios, los salarios públicos, y otras partidas del gasto que quitaron presión al financiamiento vía emisión monetaria. 

En relación al gasto público, y al hecho de que la fórmula de movilidad jubilatoria implementada por el gobierno está generando que las jubilaciones crezcan por debajo de los precios, el presidente Alberto Fernández anunció que el Gobierno otorgará en agosto un bono de $5.000 a todos los jubilados que cobren hasta dos jubilaciones mínimas, esto es algo por encima de los $46.000. En este sentido, la jubilación mínima pasará a ser de $28.000 en agosto. En la primera mitad de año la jubilación tuvo un aumento del 21,2% (sin contar el bono), con una inflación acumulada de 25,3%. El problema es que se trata de un aumento de monto fijo y de única vez, mientras que la fórmula ajusta por debajo de la inflación. Esto es bien recibido por el FMI en la intención de cerrar un nuevo acuerdo lo antes posible, pero perjudica a nuestros jubilados y contribuye al debilitamiento del mercado interno. 

En relación al posible acuerdo con el FMI, se conoció un comunicado del FMI sobre Argentina luego de las reuniones en Venecia. Las autoridades argentinas y el personal técnico del FMI mantuvieron reuniones productivas para seguir avanzando en el trabajo técnico hacia un nuevo programa con FMI. Los equipos discutieron la evolución del entorno global y la pandemia de COVID-19 y sus implicaciones para el marco macroeconómico de Argentina. Las discusiones se centraron en políticas para fortalecer la recuperación, la estabilidad económica y la creación de empleo. En particular, se avanzó en la identificación de opciones de política para desarrollar el mercado de capitales interno, movilizar ingresos internos y fortalecer la resiliencia externa de Argentina. Ambos equipos continuarán trabajando juntos en el próximo período con miras a profundizar aún más su entendimiento en estas áreas clave. El objetivo es ayudar a la Argentina a abordar de manera duradera sus desafíos económicos y de balanza de pagos.

En cuanto a la actividad económica, la utilización de la capacidad instalada en la industria durante mayo alcanzó el 61,5%, desde 63,5% en abril y 46,4% en mayo 2020. Los sectores que utilizaron mayor capacidad instalada fueron refinación de petróleo (75,4%) e industrias metálicas básicas (74,4%). Por otro lado, la industria automotriz (44,6%) nuevamente fue la de menor utilización de la capacidad instalada.

En cuanto a los datos de inflación, que ya comentamos en el inicio de este informe, cabe destacar que las subas más significativas se observaron en los segmentos: comunicación (+7% mensual), y bebidas alcohólicas y tabaco (+5,5% mensual). Por su parte, la inflación núcleo (librada a la lógica del mercado) creció un +3,6% mensual, los regulados (bajo el control directo del Estado) +3,2% mensual, y los estacionales +0,5% mensual. Esto deja en evidencia que aquellos precios que están fuera del alcance directo de control del Estado, presentan una dinámica por encima del nivel general, ya de por sí muy alta.