El quiebre dentro de la coalición gobernante ya es inocultable, ya nadie se esfuerza en disimularlo, como hace un tiempo atrás, aumenta la tensión día a día y se da en un contexto económico muy delicado. Mientras la inflación se acelera a un ritmo alarmante, los ingresos se pulverizan y el gobierno se encuentra intrincado en una disputa interna, con cruce de misivas, entre funcionarios, líderes políticos, referentes, e incluso diferentes facciones del frente. Encima se suceden los errores no forzados, como el del propio presidente anunciando la “guerra contra la inflación” a sólo dos días de haber logrado la aprobación del acuerdo con el FMI en el Congreso de la Nación. Qué ganancia puede haber con el planteo de una guerra cuya derrota se descuenta. A mediados de abril se conocerá el dato de inflación de marzo, que estará por encima del 5% (sino cercano al 6%), y con alimentos creciendo muy cerca ya de los dos dígitos mensuales. En ese momento quedará confirmado que la guerra se perdió. La imagen presidencial se va debilitando al ritmo del embate puertas adentro, de una realidad que empeora día a día y de errores propios muchas veces incomprensibles. Y esto resulta muy preocupante en este contexto. 

El acuerdo con el FMI, que será aprobado por su directorio este viernes, motivo por el cual retrasaron los vencimientos de este mes para evitar que el país ingrese en default, será incumplido en su primera revisión. Es esperable que, dado el contexto internacional, el organismo vaya a otorgar un waiver y esto vuelva a evitar un default. Se confirma así, que es el organismo quien tendrá a la Argentina a tiro de default en cada una de sus revisiones trimestrales, y que esto condicionará la política económica doméstica en un contexto de extrema fragilidad. ¿Existirá margen para atender las crecientes demandas sociales y a la vez cumplir con el objetivo de déficit primario y emisión monetaria? Todo indica que no. ¿Resultará más flexible el organismo al momento de sus revisiones y permitirá así sortear dificultades o impondrá sus políticas de ajuste bajo la amenaza del default? Los antecedentes marcan como mucho más probable a la segunda opción. 

Mientras tanto, la dinámica de precios se acelera de manera alarmante. La inflación para el mes de febrero fue de +4,7% mensual, desde +3,9% mensual en enero, por encima de lo esperado por el mercado en +3,9% mensual, y la más alta desde marzo 2021. En cuanto a la variación respecto al mismo mes del año anterior la suba fue de +52,3% anual. En el acumulado del año la inflación es de +8,8%. Los precios estacionales subieron +8,4% mensual (+67,0% anual), los regulados +3,1% mensual (+35,8% anual), mientras que la inflación núcleo (sin alimentos ni energía) subió +4,5% mensual (+54,5% anual). La mayor suba se vio en el rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas (+7,5% mensual), seguido por Transporte (+4,9% mensual) y Equipamiento y mantenimiento del hogar (+4,4% mensual). Por otro lado, aquellos que presentaron menos subas fueron el sector Comunicación (+1,5% mensual) y Recreación y cultura (+2,3% mensual). Los alimentos en el GBA crecieron al 8,6% mensual. El dato del ISEPSI, que mide una canasta de precios en locales de proximidad en los barrios del conurbano arrojó un 9,8% en febrero. Los datos de alta frecuencia, que miden consultoras diariamente, indican que la inflación de marzo estará cerca del 6%, con alimentos en torno a los dos dígitos. A la dinámica propia de nuestra economía se le suma la suba de commodities de alimentos y energía, consecuencia de la Guerra entre Rusia y Ucrania. Resulta preocupante el atraso cambiario que vuelve a acumularse. El dólar oficial durante febrero se depreció un 2,3%, cuando la inflación corrió al 4,7%. El hecho de que el FMI haya explicitado en el acuerdo el objetivo de mantener el tipo de cambio real de diciembre 2020, evidencia ya este año un importante atraso cambiario que actúa como mecanismo adicional de presión inflacionaria, ya que se descuenta un salto abrupto o una aceleración en el deslizamiento para lo que resta del año. 

En este escenario, comienzan a darse cierres de paritarias. La UOM (metalúrgicos) cerró un aumento de 45% en tres etapas para este año, con una revisión en noviembre. Esto marca la pauta privada para uno de los gremios más grandes, en línea con la paritaria docente de 45,5%. La intención del gobierno por el momento es trabajar en esos niveles, con reaperturas más adelante. Vale la pena recordar que en el acuerdo con el FMI se establece un rango inflacionario para este año entre 42% y 48%, aunque la dinámica actual permite vislumbrar una inflación por encima del 60% para este año.

Luego del dato de inflación, el BCRA estaría analizando subir las tasas en su reunión de los jueves. En lo que va del año la suba es de 450 puntos básicos, en línea con lo acordado con el FMI de mantener la tasa real de interés positiva. El riesgo en este punto es el de una carrera entre la tasa de interés y la inflación, frente a una dinámica inflacionaria desbocada, que puede transformar a la tasa de interés en un factor inflacionario adicional. 

Como medidas antiinflacionarias se anunció la suba de 2 puntos porcentuales para las retenciones de harinas y aceites, y de un punto porcentual para el biodiesel. La idea es financiar de esta forma un fideicomiso que permita subsidiar los precios internos, para desaclopar la suba de los precios internacionales de los domésticos. En una situación como la actual, la herramienta de política económica debería ser la aplicación de retenciones móviles, pero ha sido descartada dado el antecedente de la 125 durante la anterior gestión kirchnerista. Dadas las dinámicas de precios y sumado el actual contexto internacional, pareciera muy poco lo anunciado hasta el momento como política antiinflacionaria. No poner el foco en la macro y buscar controlar las subas de precios mediante medidas administrativas es un error, como lo es haber declarado una guerra perdida de antemano, ya que el dato de inflación de marzo, que se conocerá a mediados de abril, marcará la derrota. 

Deberá ordenarse rápidamente la política y encontrar nuevamente la unidad del frente gobernante o su quiebre definitivo, pero esta actualidad, que imposibilita la gestión y llena de incertidumbre, es imposible que se sostenga en el tiempo, a la vez que conduce a un muy mal resultado. Asimismo, resulta imperioso coordinar las medidas de política económica. Ya no queda margen para más errores. El contexto internacional se ha tornado muy complejo y de no encausar las principales variables a tiempo, podemos encontrarnos en la antesala de una inflación muy alta, que podría hasta derivar en una hiper y conducir a una delicada inestabilidad social. Hace falta de manera urgente tomar decisiones de fondo.