La economía argentina cada vez presenta menos margen de maniobra para salir de la crisis que atraviesa, mientras se adentra en una aún mayor. La recuperación de la actividad económica comenzó a perder fuerza y estancarse, y la inflación vuelve a generar mucha preocupación tras el dato de septiembre, que confirmó el fin de la tendencia decreciente de los últimos meses y el rápido retorno a niveles muy altos y difíciles de contener. Frente a esta inercia inflacionaria la solución que plantea el gobierno, en cabeza del flamante secretario de comercio interior, Roberto Feletti, es la de lograr un congelamiento de precios sobre un conjunto muy amplio de productos, y hasta el 7 de enero. Se trata de un intento de solución que va directamente al fracaso. En el actual contexto de inercia inflacionaria, sobre todo en la inflación núcleo, y de tensión cambiaria, resulta imposible que más de 1600 productos de consumo masivo congelen sus precios por 90 días. Un acuerdo de estas características debería darse en un contexto de alineamiento de las principales variables macroeconómicas, que resulte creíble, y con un horizonte cierto. Frente al descalabro actual, el intento de frenar la inercia de precios con la amenaza de la aplicación de una ley de desabastecimiento, resulta completamente infructuoso. 

Una de las principales amenazas que se presentan en adelante tiene que ver con la posibilidad de un salto devaluatorio, que traería aparejado un fuerte traslado a precios y conduciría a la economía a una espiralización devaluatoria-inflacionaria que puede terminar fuera de control. En la actualidad todos los incentivos se encuentran cruzados y empujan a la salida de divisas. Completamente opuesto a la necesidad imperiosa de ingresar divisas. La actual brecha cambiaria del 90% impide cualquier posibilidad de acuerdo con el FMI, y distorsiona toda la economía. La brecha debe cerrarse lo antes posible. Al contrario de lo que plantean desde los sectores de la ortodoxia económica, respondiendo, como siempre, a los intereses de los sectores económicos que representan, el cierre de la brecha debe generarse evitando una devaluación del dólar oficial. En la actualidad los incentivos cruzados a los que hacemos referencia implican que, en los cuatro frentes de intercambio de divisas se promueva la salida y no el ingreso. Repasemos: en el frente comercial la elevada brecha genera incentivos para sobrefacturar y adelantar importaciones, y subestimar o eludir exportaciones; en la cuenta turismo, por el lado del turismo receptivo las divisas que ingresan al país lo hacen por los canales informales, mientras que en el turismo emisivo todo fluye por los canales formales, para usufructuar un dólar más barato; la cuenta financiera se encuentra virtualmente cerrada en el marco de las férreas restricciones; y las inversiones extranjeras en lugar de producir un ingreso de dólares, empujan a un salida. ¿Cómo funciona esto último? Cualquier empresa extranjera que quiera mandar dinero a su filial en la Argentina para realizar una inversión no manda los dólares, sino que compra bonos en dólares, los envía al país, aquí los venden y los cambian a pesos, el tipo de cambio implícito es el de CCL, en torno a los $190 en la actualidad, luego con esos pesos la filial local le pide los dólares al Banco Central para realizar la inversión, pedido al cual el BCRA accede, para no frenar una inversión. En síntesis, ocurrió una inversión extranjera en nuestro país, pero los dólares no ingresaron nunca, sino que salieron y generaron una caída en las Reservas del BCRA. Conclusión, ojalá que a nadie se le ocurra invertir mucho en la Argentina porque nos quedamos sin dólares. Una locura!

 ¿Cómo se podría cerrar la brecha entonces? Generando vehículos formales para el ingreso de estos dólares, aprovechando que Argentina a los tipos de cambio paralelos, sí resulta atractiva para llevar adelante inversiones. Dado el tamaño pequeño del mercado, el sólo ingreso de las divisas a los precios actuales del tipo de cambio paralelo, llevaría a una apreciación del mismo, reduciendo la brecha a niveles más manejables, que no distorsionen tanto la macro. 

Mientras sigamos con este descalabro, y el intento de frenar la presión cambiaria sea con cada vez más restricciones, lo que implica frenar también las importaciones y abortar la incipiente recuperación, acumular presiones inflacionarias, e intentar frenarlas amenazando a los empresarios con la aplicación de una ley que les congele los precios, el destino es el de una crisis muy compleja, con consecuencias sociales irremediables. 

Mientras tanto, el ministro Guzmán, el jefe de Gabinete Manzur, y una gran comitiva, se encuentra manteniendo reuniones con autoridades del FMI y empresarios en los EEUU. En este contexto, Gita Gopinath, Economista Jefe del FMI declaró que “consideramos que las expectativas de inflación de Argentina no están ancladas. Sigue sin anclar en este momento, también debido a la mayor dependencia del financiamiento monetario en Argentina.” Cada vez más explícitamente, el FMI le pide un plan a la Argentina. No existe consenso sobre aspectos básicos dentro de la coalición gobernante, lo cual impide la elaboración de cualquier plan. Esto llevará a postergar los próximos pagos, dado que no existe la capacidad de hacerlo a partir del primer trimestre del año próximo. 

En septiembre la inflación fue de +3,5% mensual, acelerándose con respecto a agosto que fue de +2,5% mensual (finalizando con la desaceleración mensual que se veía desde marzo de este año), y por encima de lo esperado por el mercado, en +2,8% mensual. En lo que va del año el acumulado es de +37% anual, y en los últimos 12 meses el aumento es de +52,5% anual, la más elevada desde enero 2020. La inflación núcleo tuvo un leve aumento a +3,3% mensual, desde +3,1% mensual el mes pasado, llegando a +57% anual. Los precios regulados subieron a +3% mensual desde +1,1% mensual en agosto, llegando a +38,6% anual. Los precios estacionales tuvieron un fuerte aumento de +6,4% mensual, desde +0,6% mensual en agosto, llegando a 50,8% anual. Se observa que los precios regulados -tarifas- ofician de ancla para intentar contener la dinámica inflacionaria. El año próximo no se podrá continuar con el congelamiento de tarifas, dado el impacto fiscal que genera esto, y la imposibilidad de financiarlo, menos aún, con la intención de un nuevo acuerdo con el FMI. 

Por último, durante agosto, la utilización de la capacidad instalada se ubicó en 64,4%, desde 64,1% en julio y 58,4% en agosto de 2020. Se destacó la utilización de la capacidad instalada en industrias metálicas básicas (80,1%) y productos minerales no metálicos (79,8%). Por otro lado, se registraron los valores más bajos en industria automotriz (47,7%) y productos textiles (54,4%).