El mercado cambiario sigue presentando fuertes tensiones, en medio de una crisis de confianza, que se refleja en el incremento de la brecha entre el dólar oficial y el resto de las alternativas, legales o no.  Al momento de este informe el dólar oficial mayorista se ubica en 77,58, mientras el CCL (versión más alta de las alternativas legales) alcanza los 166, y el dólar blue (versión ilegal pero de fácil acceso para el público en general) se ubica en 181. Así, la brecha supera ya el 120%, lo cual torna inviable el funcionamiento de la economía. Frente a la realidad de tener que mantener restricciones para el acceso al mercado cambiario oficial, la brecha es inevitable que exista. Convivir con una brecha en torno al 40% es posible, pero convivir con una brecha por encima del 100% se hace imposible. La expectativa de devaluación resulta tan fuerte que los exportadores dejan de liquidar, y se contrae la oferta de divisas, mientras que los importadores y quienes tienen que saldar obligaciones con el exterior adelantan sus pagos, y se estimula la demanda. Esta dinámica presiona al alza el valor de la divisa, mientras que el BCRA presenta además una posición muy frágil de defensa, dado el escaso nivel de reservas que posee. La combinación de dinámica de fuerte crecimiento de la demanda de divisas, con caída por el lado de la oferta, bajo stock de dólares en el BCRA, y fuerte necesidad de emisión de pesos como única fuente de financiamiento para sostener el necesario crecimiento del gasto público que implica atender a la economía del impacto de la pandemia, provocan un cuello de botella en la compra de dólares que conduce a que su precio no encuentre techo. Esto ocurre en la actualidad. La economía empieza a sentir los efectos negativos de esta situación, porque al estar instalada una expectativa devaluatoria tan fuerte, el incierto costo de reposición hace que muchas empresas decidan no entregar su mercadería a estos precios, generando desabastecimiento. En medio de esta situación, el ministro Martin Guzmán, en declaraciones durante su participación en el Coloquio de Idea la semana pasada, anticipó que se está trabajando en volver atrás con las restricciones de acceso al mercado del dólar CCL, ya que esas regulaciones, a su entender, achicaron el mercado dotándolo de mayor volatilidad. Estas declaraciones buscan además de anticipar la medida, y comunicar que se está trabajando en ideas para achicar la brecha, deja al descubierto que la puja entre el ministerio de economía y el BCRA, se definió en favor de Guzmán, y que será él quien coordine, a partir de ahora, el conjunto de decisiones en materia económica. Se sabe que Guzmán no avaló la decisión de imponer más restricciones en los accesos a los mercados cambiarios en sus diferentes formas, y el mal resultado de estas medidas, que condujeron a la ampliación de la brecha cambiaria y al aumento del riesgo país, terminaron dándole la razón y dejándolo fortalecido en este proceso. 

En relación a lo que ocurre en el mercado cambiario, el presidente en una entrevista la semana pasada aclaró que no tienen en mente una devaluación del tipo de cambio oficial, y dijo “Estamos en un proceso de ordenamiento cambiario. Tenemos que ir hacia un lugar en donde confluyan las distintas cotizaciones de las divisas. Tenemos que seguir la cotización para que no se atrase, buscando que siga la evolución de la inflación”. Lo cierto es que el mercado no está prestando atención al equilibrio del valor del dólar en términos de competitividad sino a la emisión de pesos y el ritmo de generación de dólares. La pérdida de confianza llevó al dólar en su versión blue a un valor de pánico, que no tiene ningún sentido desde el punto de vista del análisis económico. Se trata de un valor que si se logra reordenar la macroeconomía y recuperar algo la confianza debería retroceder al precio que tenía hace un par de semanas atrás, en torno a los $150. La pregunta que subyace todo este análisis es si es posible acomodar esta situación evitando un salto devaluatorio o una aceleración en el ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial. El riesgo de insistir en no hacerlo mientras el mercado amplía la brecha es terminar cediendo a la presión devaluatoria de manera tardía y desordenada, incrementando los costos. 

En medio de esta situación, con caída sostenida del poder adquisitivo de los salarios, se acordó un aumento del 28% para el salario mínimo, desde $16.875 hasta $21.600 (a realizarse en tres etapas de 12%, 10% y 6%), aunque quedará sujeto a revisión. El último aumento había sido del 35%, en octubre del 2019. Al funcionar como referencia para la fijación de otros niveles salariales, que se suba este piso resulta una buena noticia para el mercado interno. 

Mientras tanto, la semana pasada se conoció el resultado de la variable clave vinculada al dólar y al poder adquisitivo de los salarios, que es la inflación minorista. Durante septiembre, el índice de precios al consumidor avanzó un 2,8% mensual (desde 2,7% mensual en agosto) y de esta manera en los últimos 12 meses acumula un incremento de +36,3% anual. En lo que va del 2020, el aumento del IPC es de +22,3%. Los rubros más sensibles, como Alimentos y bebidas, indumentaria, salud, transporte, crecieron por encima del promedio, mientras que aquellos que subieron por debajo del promedio son los rubros en los que prácticamente no hay actividad, como los casos de hoteles y restaurantes, educación, recreación y cultura, o aquellos regulados y congelados por parte del Estado, como las tarifas de servicios públicos o la comunicación. Es esperable que, como consecuencia de la ampliación de la brecha y el rebote en la actividad en los próximos meses se observen variaciones de precios más altas aún. Las estimaciones dan cuenta de una inflación entre 35 y 40% para este año, lo que representa un número bastante por debajo del 54% de 2019, pero que no deja de ser un valor muy alto, sobretodo en un contexto fuertemente recesivo como el actual. 

Otra decisión que impactará sobre los precios es el anuncio por parte de YPF de un nuevo aumento del 3,5% promedio en los combustibles, el cual esta vez se debe al traslado del aumento de impuestos y biocombustibles decretado por el Gobierno Nacional.

Se difundieron la semana pasada los números actualizados sobre la deuda pública. Al cierre del tercer trimestre, la deuda pública subió +2,83% durante el 2020 y +6,76% con respecto a septiembre 2019, a U$S 329.610 millones. La deuda en pesos representa el 24% (desde 22,4% en diciembre de 2019), mientras que la deuda en dólares (sin contar el FMI) representa el 62,3% (desde 63,7% en diciembre de 2019). El cambio drástico, tras la reestructuración no fue el peso de la deuda, sino su perfil, habiendo estirado el cronograma de vencimientos. 

Mientras la economía se recupera desde el piso de abril/mayo la industria sigue mejorando de a poco su performance. La utilización de la capacidad instalada en la industria durante agosto alcanzó el 58,4%, desde 56,8% en julio y 60,5% en agosto de 2019. De esta manera, registró la cuarta suba mensual consecutiva luego del piso de 42% alcanzado en abril como consecuencia de la implementación de la cuarentena debido a la pandemia. Sustancias y productos químicos fue el rubro con mayor utilización de la capacidad instalada y alcanzó el 71,1%. Nuevamente la industria automotriz fue la que utilizó menor porcentaje de su capacidad instalada y se ubicó en 35,4%.

En cuanto el frente externo, a nivel regional una buena noticia, si bien aún no están confirmados los datos oficiales, es el triunfo del MAS en las elecciones de Bolivia. El candidato Luis Arce, quien fue el ministro de economía de Evo Morales, durante lo que luego se conoció como el milagro Boliviano, resultó elegido presidente. En medio de un escenario regional muy adverso desde lo político para el gobierno argentino, este resultado plantea el alineamiento con uno de nuestros vecinos.