Mientras ya se analiza otra extensión de la cuarentena en el ámbito del AMBA, con 12 de julio como nueva fecha, comienzan a aparecer más casos en el interior del país, lo que implica más restricciones a la actividad y a la circulación en algunas localidades que ya habían comenzado a relajar. Lo mismo ocurre en otros países del mundo, donde se habían comenzado a relajar las restricciones, como consecuencia de un descenso en los contagios, y que nuevamente han comenzado a restringir, debido a lo que se denomina el rebrote o la segunda ola, con temores de que surja con más fuerza que la anterior.

Esto ha generado la caída abrupta de los precios de los activos alrededor del mundo, anticipando que la recesión será más prolongada y, probablemente, más profunda que lo proyectado hasta hace poco tiempo atrás. En nuestro país, el agravante de haber recibido al coronavirus en una pésima situación económica, y los muy limitados márgenes de maniobra, junto al proceso en marcha de reestructuración de deuda, en medio de una situación de default, nos pone frente a una situación muy compleja. La extensión del freno en la actividad de muchos sectores por un tiempo tan prolongado los pone al borde del quiebre y el cese definitivo de su actividad, mientras se requiere de la intervención del Estado para sostener la economía, ya sea direccionando recursos hacia los sectores más postergados, a través de programas como por ejemplo el IFE, o pagando salarios de trabajadores del sector privado, como lo hace a través del programa ATP, o con préstamos blandos a tasas subsidiadas. La prolongación en el tiempo de todas estas inyecciones de dinero por parte del Estado, llevan a un importante déficit fiscal, que resulta financiado casi exclusivamente por emisión monetaria. Esto implica un fuerte desequilibrio, que a medida que se extiende, pone en vilo el valor de la moneda, genera presión sobre la brecha cambiaria, tensión sobre el dólar oficial y, por ende, sobre los precios.

Asimismo, a partir de esta situación se genera una importante traba adicional al proceso de reestructuración de la deuda, ya que se torna bastante complejo contar con un escenario macroeconómico que de sustento a cualquier propuesta. Más allá de la negociación en términos financieros, y la diferencia en valor presente neto, entre lo que exigen los acreedores y lo que ofrece el gobierno, la incertidumbre sobre la dinámica futura de las principales variables macroeconómicas complica cualquier acuerdo. No es lo mismo para la Argentina enfrentar los compromisos en los plazos establecidos si la economía recupera el crecimiento en los próximos meses que, si se extiende la recesión por más tiempo, ni es lo mismo llegar con 6 puntos de déficit fiscal que con 12, ni es lo mismo ir a una situación de muy altos niveles de inflación o lograr controlarla. En un contexto internacional de rebrote del virus, nuevo freno en la actividad, búsqueda de refugio de los capitales internacionales en activos de bajo riesgo, ocurrirá una presión devaluatoria en las monedas regionales, que deberá ser acompañada por el peso, para no perder competitividad relativa. Esto genera el desafío de hacerlo sin generar una presión adicional sobre los precios a la ya generada por el elevado ritmo de emisión monetaria.

Por el momento, continúa profundizándose la recesión. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en mayo las ventas minoristas cayeron – 50,8% anual (desde -57,6% en abril y 48,7% en marzo). Según la entidad, solo el 12% de los comercios relevados (de un total de 1.100) pudo terminar el mes en alza con respecto al mes anterior. Las ramas más afectadas fueron: relojerías, indumentaria, mueblerías y perfumerías, con caídas promedio de 75% anual. Esto evidencia el fuerte debilitamiento del mercado interno, en un momento en el que se resiente también el comercio internacional.

Según el Indec, la utilización de la capacidad instalada en la industria durante abril alcanzó el 42%, desde 51,6% en marzo y 61,6% en abril de 2019. Se trata de un registro peor al observado en el peor momento de la caída del año 2002. La fuerte caída se explica principalmente por la cuarentena (abril fue el primer mes con el impacto total de la misma), ya que solo un tercio de las empresas manufactureras pudo operar con normalidad, mientras que el resto no operó o lo hizo parcialmente. Las industrias vinculadas a servicios esenciales que operaron con normalidad fueron aquellas con mayor utilización de la capacidad instalada, como las industrias de sustancias y productos químicos (69,3%) y productos alimenticios y bebidas (59,7%). Por otro lado, los rubros más afectados que sufrieron paradas totales en sus plantas fueron el automotriz y los productos de tabaco.

La recesión tiene la particularidad de ser de carácter global. Frente a esta situación, la Reserva Federal de los Estados Unidos decidió mantener su tasa referencia entre 0% y0,25%. Las proyecciones económicas de la entidad muestran que la tasa de referencia se mantendrá en torno a 0,1% hasta el 2022. A su vez, proyectaron una caída de 6,5% del PBI este año y una tasa de desempleo de 9,3% a fines de 2020. Esto da cuenta de la fuerza de la recesión global, a la vez que marca un camino de liquidez en el mundo, que la Argentina no podrá aprovechar en caso de quedar definitivamente en default. Por este motivo, la intención del gobierno es llegar a un acuerdo ordenado para la deuda. Por el momento, ya vencido el plazo para cerrar un acuerdo, que era el pasado viernes 12, se fijó una nueva fecha de vencimiento que es el 19 de junio. Es esperable que tampoco se llegue a un acuerdo para esta nueva fecha, y que el plazo se siga extendiendo. Mientras la negociación dure, y ambas partes muestren intención en llegar a un acuerdo, no debería verse ningún tipo de embate judicial.

El Indec dio a conocer el dato de inflación minorista de mayo, en el marco de una profunda recesión. La inflación de mayo avanzó +1,5% mensual (al igual que en abril), ubicándose por debajo del +1,7% mensual esperado por el último relevamiento de expectativas de mercado publicado por el Banco Central. De esta manera, en los últimos doce meses se registra un incremento de 43,4%. Debe tenerse en cuenta que muchos de los rubros en los cuales se toman precios para elaborar el índice, no tuvieron ningún tipo de actividad, con lo cual hubo que recurrir a extrapolaciones de precios. Siendo también una incógnita en que nivel de precios retornarán estas actividades.