Con una inflación disparada, y sin encontrar de parte del equipo económico el mecanismo de contención, se busca reforzar los ingresos, y mejorar al menos marginalmente la distribución del ingreso, que atraviesa un largo período de franco deterioro. Los salarios, en particular en el sector informal, vienen perdiendo frente a la evolución de los precios desde hace rato, y se viene profundizando de manera preocupante el último tiempo. La falta de consenso dentro del gobierno, que atraviesa desde el acuerdo con el FMI a toda la política económica en general, no escapa a la visión sobre la inflación. No hay acuerdo entre cuáles son sus causas, y mucho menos en cuáles son las recetas para enfrentarla.

Esta falta de acuerdos, que imposibilita la gestión, deteriora las expectativas, y redunda en mayor presión inflacionaria, con un mecanismo inercial de indexación de contratos, al no visualizarse un mecanismo de control. Esta misma dinámica inflacionaria y su efecto nocivo sobre los ingresos, ha comenzado a erosionar la evolución del consumo interno, lo que comenzará a limitar el crecimiento, llevando a un estancamiento a partir de los próximos meses que, a su vez, funcionará como control de la dinámica inflacionaria. Así, el resultado será muy malo, podríamos cerrar este año con una economía creciendo entre 2% y 3%, que no es más que el arrastre estadístico del rebote del año pasado, y con una inflación, que en las proyecciones más optimistas no baja del 60%. La gran incógnita es cuanto margen hay para el sostenimiento de un cuadro social muy frágil frente a esta realidad. La causa de todos los males es la inflación, y allí la falta de rumbo es abrumadora. Los propios miembros del equipo económico discuten públicamente y se echan culpa unos a otros de esta triste realidad, e incluso llegan a proyectar que esto así se va a poner feo, como declaró en una entrevista el Secretario de comercio de la Nación, Roberto Feletti, como si se tratara de un analista externo, y no de un funcionario del equipo a cargo de la gestión de la economía y responsable nada menos que del control de los precios. Toda esta comedia de enredos lo único que hace es retroalimentar la dinámica inflacionaria, en lugar de buscar contenerla.

En este contexto, el BCRA continúa con una política que corre de atrás, peligrosamente, a los precios. Con el objetivo de cumplir con el acuerdo con el FMI, que indica que la tasa de interés debe ser positiva en términos reales, va realizando ajustes hacia arriba, luego de conocer cada índice de precios, buscando no quedar atrasada, pero a la vez, quedándose corta y siendo negativa en términos reales, de manera de no cumplir con el objetivo propuesto como mecanismo de absorción de pesos, y a la vez transformarse en un factor adicional de presión inflacionaria. Algo similar ocurre con el tipo de cambio que, bajo el compromiso con el FMI de mantener el tipo de cambio real del año pasado, ha incrementado el ritmo de deslizamiento diario, pero en un promedio de 2% mensual, con una inflación que corre por encima del 6% mensual. Si bien la competitividad del tipo de cambio depende de la evolución de otras monedas de socios comerciales, y de la inflación internacional, se está acumulando un atraso, que genera la expectativa de un deslizamiento más acelerado los próximos meses, o de un salto abrupto en algún momento del año. Esto también tiene traslado a precios vía expectativas.
Con la intención de recomponer los ingresos, se estudia lanzar un esquema similar al IFE, que funcionó para transferir recursos a los sectores más postergados durante la pandemia. Para financiar esto, la intención es recrear un tributo similar al de las grandes fortunas que se implementó el año pasado, en este caso que apunte a captar parte de lo que se denomina ganancia inesperada. Esto es, sectores que por motivos extraordinarios están obteniendo abultadas ganancias, deberán tributar para financiar este programa. Esto ocurre en un contexto donde, desde la oposición, se promulga la idea de que la Argentina no soporta ningún impuesto más. Las modificaciones tributarias requieren pasar por el Congreso de la Nación, donde no están dadas las condiciones para un incremento tributario de este tipo. Pareciera que la decisión tiene el aval del FMI, aunque se trata de une decisión polémica. Con otro nombre, y algunas diferencias, viene a suplir al necesario aumento en retenciones a las exportaciones, que el gobierno no quiere implementar por temor a que fantasmas del pasado generen una crisis política de mayor magnitud.


El BCRA decidió aumentar nuevamente la tasa de política monetaria de la Leliq a 28 días +250 puntos básicos, hasta 47% (una Tasa Efectiva Anual de 58,7%). También se elevaron los límites mínimos de tasas de interés sobre plazo fijos llevando la tasa para depósitos a plazo fijo a 30 días por hasta $10 millones a 46% (TEA de 57,1%). Para el resto de los depósitos a plazo fijo la Tasa Nominal Anual pasa a 44% (TEA de 54,1%). En el comunicado aclaran que esta suba fue en gran parte por el shock internacional (conflicto entre Rusia y Ucrania) que afectó los precios de los alimentos y de la energía a lo que se sumó la concentración de incrementos en los precios de bienes y servicios regulados (naftas, electricidad, gas, educación, prepagas). El BCRA espera que la inflación empiece a reducirse gradualmente a partir de abril y mayo. Esto es muy probable que ocurra, pero estacionándose en niveles altos, muy probablemente en torno al 4%-5%. La presente suba de la tasa de interés es consistente con una evolución de los pasivos remunerados del BCRA que finalizarían en 2022 en niveles que, medidos en términos del PIB, estarán por debajo de los del cierre de 2021.

La inflación para el mes de marzo fue de +6,7% mensual, desde +4,7% mensual en febrero, por encima de lo esperado por el mercado en +5,4% mensual, y siendo la cuarta suba consecutiva. En cuanto a la variación respecto al mismo mes del año anterior la suba fue de +55,1% anual. En el acumulado del año la inflación es de +16,1%. Los precios estacionales subieron +6,2% mensual (+65,5% anual), los regulados +8,4% mensual (+40,9% anual), mientras que la inflación núcleo (sin alimentos ni energía) subió +6,4% mensual (+57,3% anual). La mayor suba se vio en el rubro Educación (+23,6% mensual), seguido por Prendas de vestir y calzado (+10,9% mensual) y Alimentos y bebidas no alcohólicas (+7,2% mensual). Por otro lado, aquellos que presentaron menores subas fueron el sector Recreación y cultura (+3,3% mensual) y Comunicación (+3,4% anual).


En este contexto inflacionario, y en busca de cumplir el acuerdo con el FMI, resulta necesario modificar el esquema de tarifas de servicios públicos. En este sentido, la secretaría de Energía confirmó que realizará audiencias públicas los días 10, 11 y 12 de mayo para avanzar con la aplicación de nuevos aumentos en las tarifas de luz y gas. De acuerdo a lo anticipado, para la mayoría de la población este ajuste adicional será de hasta 21,5% en gas y 17% en luz, y no podrá superar el 42,72% a lo largo de todo el año. El objetivo oficial es que los cuadros tarifarios entren en vigencia a partir del 1 de junio.