A pocos días de la finalización de la etapa del retorno a la Fase I del asilamiento en el AMBA, está claro que no queda margen para seguir extendiéndola, ni aunque el gobierno quisiera hacerlo. El impacto económico se siente cada vez más fuerte, y muchas actividades comienzan seriamente a sentir peligrar su continuidad. Los programas de estímulo impulsado por el gobierno para contener el impacto no resultan suficientes, y los grados de libertad para poder ampliarlos son muy estrechos. Es esperable entonces, que a partir del próximo lunes comience algún cronograma de reapertura gradual de actividades, que busque ir recomponiendo la dinámica. En medio de esta crítica situación, frente al último esfuerzo hecho por el gobierno, con la oferta presentada la semana pasada para llegar a un acuerdo por la reestructuración de la deuda, un par de grupo de bonistas, de importante peso por las posiciones que mantienen de títulos de deuda argentinos, encabezados por el fondo de inversiones más grande del mundo, BlackRock, han rechazado la propuesta hecha por el equipo de Guzmán, aunque dejando abierta la posibilidad de seguir avanzando para alcanzar un acuerdo. El problema de fondo es que la Argentina no tiene más margen para mejorar esta última oferta, y así lo ha hecho saber el ministro Guzmán. A fin de este mes se vence el plazo establecido para llegar a un acuerdo, y además se vence el plazo de 30 días de período de gracia desde la fecha de no pago del vencimiento de los bonos de descuento, a partir de la cual acreedores podrían pedir la aceleración, es decir el pago anticipado de todos los vencimientos futuros de estos bonos, en el juzgado de NY a cargo de la jueza Preska, que ha dado señales en los últimos días con algunos fallos que no fueron favorables para la Argentina. Esta situación plantea un escenario delicado, ya que lo más probable es que se cierre un acuerdo hacia fines de este mes, para lo cual hace falta un piso del 50%. Sin embargo, esto no garantiza la posibilidad de cerrar completamente el tema, ya que para esto habría que lograr accionar las cláusulas de acción colectiva, que impedirían futuros reclamos y la aparición de fondos buitre, pero para esto es necesario juntar el 75% o el 66,6% de las voluntades, dependiendo del título y la serie. Es aquí donde estos grupos de grandes inversores tienen la posibilidad de impedir el cierre al proceso de reestructuración, poniendo en vilo la situación financiera de la Argentina.

La caída de la actividad es un fenómeno global, inédito por su fuerza y su difusión, pero la discusión a partir de ahora es sobre la recuperación del impacto, que tocó un mínimo en el mes de abril, donde la actividad estuve completamente paralizada. En este punto, la Argentina se encuentra en una muy mala posición, donde es esperable que la recuperación sea más lentay dolorosa. Esto porque el punto de partida es muy malo. Cuando llegó el impacto del virus a nuestro país, la economía venía de más de dos años de recesión, con una fuerte inercia inflacionaria, y un nivel de endeudamiento impagable. Este punto de partida, consecuencia de la política económica de los años de gobierno de Macri, genera un serio problema para la necesaria recuperación. Será necesario inyectar dinero en la economía, y modificar aspectos estructurales, sin acceso al crédito, y con estrechos márgenes en el plano doméstico.

Se conocieron la semana pasada los datos de la recaudación tributaria de junio, que alcanzó los $ 545.963 millones, registrando un aumento de +20% anual en términos nominales. Sin embargo, al descontarle la inflación estimada para el período, en términos reales la recaudación sufrió una caída de -16% anual (desde -22% anual en mayo). Pareciera que comienza una leve recuperación, aunque la caída interanual persiste y es fuerte. Los impuestos internos cayeron -17% anual en términos reales. El IVA cayó -27% anual, Ganancias -24% anual y Seguridad Social -14% anual. Se destacó el aumento en Bienes Personales (+175% anual), explicado por el aumento en la alícuota que previsto en la ley de solidaridad social y reactivación productiva.

Los impuestos externos cayeron -11% anual en términos reales. El IVA en aduana cayó -11% anual y los Derechos de Exportación -10% anual. La caída de la recaudación, en combinación con la necesaria expansión del gasto público, amplían el déficit fiscal, que podría terminar este año en torno a un -8% del PBI, con el interrogante de hasta donde la economía tiene margen para seguir financiándolo con emisión monetaria. El 3 de julio (último dato disponible) el Banco Central le transfirió al Tesoro Nacional $ 100.000 millones en concepto de utilidades (la última transferencia había sido en 19 de junio). En el acumulado del año, el financiamiento monetario al tesoro (entre transferencia de utilidades y adelantos transitorios) acumula $ 1.352.000 millones (67% de la base monetaria promedio para el período). Son niveles muy elevados de emisión, que hoy día absorben su traslado a precios por la recesión, pero que plantean un serio interrogante para más adelante.

El BCRA publicó el último relevamiento de expectativas de mercado (REM) de junio, que proyecta para diciembre de 2020, una caída del PBI de -12% (desde -9,5% en el relevamiento de mayo), una Inflación de 40,7% (desde 43,3% en el relevamiento anterior), Tasa Badlar en 30,8% (vs 29,2% previo), y Tipo de cambio en $88,0 (desde $88,5). Lo que más sorprende y preocupa es la proyección de caída de PBI, que posicionaría a este 2020 en una situación peor incluso a la caída de 2002, que rondó el -10%. Durante mayo, el índice de producción industrial manufacturero cayó -26,4% anual (desde – 33,4% anual en abril. De esta manera, en los primeros cuatro meses del año, el índice acumula una contracción de -16,3% en comparación con el mismo período del año anterior. Los sectores que más incidieron en la caída del índice fueron Industrias metálicas básicas, con una baja de -54,8% anual, y Prendas de vestir, con un -67,9% anual. El indicador sintético de la actividad de la construcción de mayo cayó -48,6% anual (desde -76,2% anual en abril). Sin embargo, presentó una recuperación mensual, pero este aumento no compensa la caída acumulada en el período marzo-abril. Actualmente el índice se ubica en un nivel 34% inferior al de febrero de este año. El consumo de asfalto cayó -31,1% anual. Durante abril, último dato disponible, los puestos de trabajo registrados en la actividad de la construcción cayeron -31,7% anual.

Estos indicadores dan cuenta de la compleja situación que atraviesan sectores clave de la economía real.