El panorama luce complejo, con una tensa calma en el frente económico, montada sobre una actividad que sostiene su rebote, pero que no logra generar empleo al ritmo al que lo hacía previo a la pandemia, y con una inflación que no cede, con especial foco en las subas de alimentos. Mientras tanto, las señales desde la política son confusas, con más de una semana sin nadie a cargo de la cartera de justicia, tensiones en varios frentes, y con varias idas y vueltas sin rumbo claro. Por otra parte, las señales desde el exterior en relación a la evolución de los contagios por covid-19 y la aparición de nuevas cepas resultan muy preocupantes. En algunos lugares de Europa, se ha vuelto al punto inicial de hace un año atrás, con sistemas sanitarios al borde del colapso y restricciones casi completas de actividades, con permisos solo para esenciales. En Brasil la situación luce muy compleja, con varias ciudades con sus sistemas sanitarios saturados, curvas crecientes de contagios y de víctimas fatales, y nuevas cepas, combinación de factores que posicionan a nuestro país vecino como una amenaza regional. Todo esto permite predecir, con alto nivel de probabilidad, que en las próximas semanas la situación de la pandemia se complique en nuestro país, donde nunca se quebró el límite inferior de contagios diarios en torno a los 7.000, y con mucho relajamiento social. En caso de darse una segunda ola con más cantidad de contagios que los actuales, la ocupación de camas en terapia intensiva comienza en niveles más altos que los del año pasado, con lo cual el fantasma de la saturación del sistema reaparece. La inmunidad social a partir de las vacunas no llegaría, dado el actual ritmo de vacunación. Con las dos dosis aplicadas al día de hoy son 451.311 personas, esto es el 1% de la población, promediando el mes de marzo, y a pocos días de comenzar a registrar temperaturas más bajas. Todo este escenario podría obligar a implementar nuevamente restricciones estrictas, aunque no se quiera, y aquí surge el interrogante acerca de la capacidad económica para sostener nuevamente el impacto de un freno. El año pasado se implementaron programas especiales de asistencia frente al impacto de la cuarentena, como el IFE, el ATP, y tantos otros, que alcanzaron el 3,5% del PBI. Este año la meta impuesta en el presupuesto nacional, de 4,5% del PBI de déficit fiscal, mientras se comienza a descongelar tarifas, no soportaría nuevamente programas de asistencia de esa magnitud, que de hecho no están contemplados en el presupuesto nacional. De esta forma, la realidad nos posiciona entre una frágil economía sin más margen para generar asistencia sin desestabilizarse, y una realidad social que frente a un nuevo impacto económico puede derivar en una crisis que se torne visible a través de estallidos que ya no logren contenerse. 

En medio de una actitud diferente de parte del gobierno en relación al acuerdo con el FMI, sobre todo luego del discurso del presidente en la inauguración de sesiones ordinarias, cuando apuntó a los responsables de la contracción de aquella deuda, que luego derivó en una denuncia muy sustanciosa de parte de la oficina anticorrupción, el ministro Guzmán viaja a Washington a reunirse con las autoridades del organismo. De todas formas, la intención original de llegar a un acuerdo antes del vencimiento con el Club de Paris, a fin de mayo, no ocurrirá. Muy probablemente no se llegará a un acuerdo con el organismo durante este año, algo que complica la situación del país en términos de un nuevo posible default. De hecho, parte de esto comienza a descontarse de parte de los inversores en el mercado financiero, lo que explica que el riesgo país se encuentre por encima de los 1600 puntos básicos, a un año de haber alcanzado una reestructuración de deuda con acreedores privados. 

Se conoció la ejecución presupuestaria para febrero. De acuerdo a la oficina de presupuesto del congreso en febrero hubo un déficit primario de $76.128 millones, y financiero de $116.427 millones, luego de que los ingresos totales crecieran +50,8% anual (por encima de la inflación) y los gastos totales, +53,8% anual (mientras el gasto primario subió +61% anual). En el acumulado, el resultado primario se mantiene con un superávit de $62.549 millones, por el superávit de enero de $138.448 millones. Resulta sano por el momento presentar algún superávit en el frente fiscal, y resulta alentador el hecho de que la recaudación crezca en términos reales, es decir, por encima de los precios. Sin embargo, se trata de una foto, mientras que la película depende muy fuertemente de la evolución del virus, con un complejo panorama, como describimos en el inicio del informe. 

La AFIP habilitó a que el pago del impuesto a las grandes fortunas puede hacerse en cuotas, sí, después de un año de discusión, ahora se permite tributarlo en cuotas. Esto sería mediante un anticipo del 20%, y el saldo en cinco pagos mensuales consecutivos. El pago de las cuotas mensuales deberá hacerse el 16 de cada mes.

El intento por proteger la escasez de dólares que presenta la economía, y que podría complicarse a partir de que la recuperación de la actividad económica impulsa las importaciones, llevó a que 380 empresas se habrían presentado solicitando amparos ante distintos juzgados para que les habiliten los pedidos de importaciones que tienen frenados. 

En relación con la recuperación de la actividad económica, durante enero, la utilización de la capacidad instalada en la industria alcanzó el 57,2% (vs 56,1% en enero del 2020). En particular, refinación de petróleo se encuentra al 77,5%, y productos minerales no metálicos al 71,7%, siendo los sectores con mayor utilización de la capacidad instalada. Por otro lado, la industria automotriz, con 31,4%, continúa siendo la de menor utilización de la capacidad instalada. Esto da cuenta de que se cuenta con un amplio margen para estimular el crecimiento económico a través de la demanda, lo que explica la intención del gobierno de que los salarios crezcan este año por encima de los precios, con todas las dificultades del caso, que se desprenden del poco control de la inflación. 

Justamente, en relación a la inflación, se conocieron los datos actualizados a febrero. El índice de precios al consumidor registró un aumento de +3,6% mensual (vs. +4% mensual en enero), en línea con lo esperado. De esta manera, la suba acumulada en los primeros dos meses del año es de +7,8% y en los últimos 12 meses se acumula un incremento de +40,7%. La inflación núcleo fue de +4,1% mensual, los estacionales subieron +3,1% mensual, y los regulados un +2,2% mensual. Esto da cuenta de la falta de control de parte del Estado sobre los precios que no se encuentran directamente a su alcance, como aquellos que pertenecen a la inflación núcleo, que siguen creciendo por encima del promedio. Asimismo, los alimentos en su variación anual presentaron un 43,4%, también por encima de la variación anual del índice. Esta inflación con impacto más fuerte sobre los bienes que más consumen los hogares de menores ingresos es un gran problema que, en el marco de una crisis social con falta de empleo, configura un escenario muy delicado.