Crisis capitalista global sin precedentes

El sistema del capitalismo globalizado basado en el consumismo desenfrenado y el despilfarro, en el paradigma tecnocrático y en el descarte, en la hiperconcentración de la riqueza en manos de unos pocos, como así también en la destrucción de los recursos naturales por la acción humana que utiliza material fósil, comienza a tambalear. Hace agua por todos lados y cae en una profunda recesión mundial. Ya está claro que esta crisis se equipara a las grandes rupturas de la era moderna junto a las guerras mundiales y su impacto económico es más profundo que las crisis financieras de 1929 y 2008. En 1929 fracasó la idea de que el mercado se regularía solo; en el 2008 lo que se manifestó fue el agotamiento del capital financiero. En ambos fue necesario el salvataje del Estado para sortear la crisis sin detener totalmente la maquinaria (que no se detuvo ni en plena guerra mundial, sino que se reconvirtió pasando de fabricar autos a fabricar tanques). Lo novedoso de la crisis actual es que se frenó casi totalmente la maquinaria mundial y en simultáneo. Otro mundo se está configurando en el transcurso de la crisis.

Origen del virus y máxima ganancia

La aparición de este virus y de sus predecesores basados en mutaciones de animales a humanos no proviene necesariamente de ningún laboratorio maligno, sino de la lógica implacable y despiadada de la máxima ganancia: el factor fundamental es la destrucción de los hábitat de las especies silvestres y la destrucción de estos por asentamientos urbanos y/o de la expansión agropecuaria industrial, con lo cual se crean situaciones propias para la mutación acelerada de los virus. La verdadera fábrica de los virus y bacterias que se transmiten a humanos es la cría industrial de animales, principalmente aves, cerdos y vacas. Más del 70 % de los antibióticos se usan para engorde o prevención de infecciones en animales no enfermos, lo cual ha producido un gravísimo problema de resistencia a los antibióticos también para los humanos. Ya en 2017 la OMS había convocado a las industrias agropecuarias y alimenticias a dejar de utilizar sistemáticamente antibióticos para estimular el crecimiento de animales sanos. A este caldo de cultivo de criaderos industriales se le suma la utilización sistemática de antivirales y pesticidas dentro de esas mismas instalaciones por parte de las coorporaciones. El aumento alocado de la productividad en aras de la máxima ganancia y forzando a los ecosistemas naturales más allá de sus limites, ha desatado una nueva, y por ahora incontrolable, pandemia.

Cuando la pandemia actual está lejos aún de controlarse, los científicos ya están estudiando un nuevo virus de gripe proveniente de los cerdos en China que podrían tener un efecto de pandemia. Se trata del llamado G4 que es especialmente preocupante porque su núcleo es un virus de influenza aviar, para el que los humanos no tienen inmunidad, con fragmentos de cepas de mamíferos mezclados.

Como puede apreciarse, no habrá solución estable a estos virus que mutan de animales a humanos en la medida en que no se controle la actividad de explotación desenfrenada en criaderos industriales y la destrucción de hábitats silvestres. Toda la humanidad seguirá pagando las consecuencias de la ambición de un puñado de capitalistas que en aras de la máxima ganancia fuerzan a la naturaleza más allá de sus límites.

Pandemia y calentamiento global

El derrumbe de la demanda y de la oferta por la parálisis económica mundial, las prohibiciones de viajes, cierre de fábricas y fronteras, la caída de los precios de los comodities y el petróleo es un verdadero desastre para las economías. Sin embargo es por ahora, paradójicamente, una bendición para la “casa común”. En apenas un trimestre de parálisis económica mundial, la tierra comenzó a respirar: se redujo el agujero de ozono, bajó la temperatura global, disminuyó sensiblemente la contaminación de dióxido de carbono en la atmósfera y varias ciudades del mundo descubrieron que el cielo es azul.

Se calcula que las emisiones mundiales diarias de dióxido de carbono (CO2) disminuyeron en un -17 % a principios de abril en comparación con el mismo mes del 2019, debido a la disminución del transporte y la actividad productiva basada en combustibles fósiles. En los últimos cien años, varias crisis habían logrado disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) derivados del uso de petróleo, gas y carbón. Así había ocurrido durante la epidemia de la gripe española (1918), la gran depresión (1929), las crisis petroleras (1973 y 1979), la caída de la Unión Soviética (1991) y el fin de la segunda guerra mundial (1945). No obstante, la caída màs profunda se produjo en estos meses con la aparición de la pandemia por COVID 19.

Podría suponerse que el medio ambiente sería el gran beneficiado por la pandemia global ya que ha logrado un impacto en las emisiones nunca visto antes y que se reducirían significativamente los peligros del calentamiento global . Sin embargo, el pronóstico sigue siendo alternativo. La Unión Europea impulsa crecientemente el uso de energías renovables y el desarrollo de proyectos neutros en carbono e Irlanda es el primer paìs en prohibir la exportaciòn de gas licuado basado en fraking. La “nueva normalidad” entre la pandemia que implica distanciamiento social, reemplaza miles de actividades presenciales por virtuales, disminuyendo el uso del transporte. Pero simultáneamente, la profunda recesión económica y los bajos costos actuales del petróleo son una gran tentación para que una rápida reactivación se base en un redoblamiento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Es el peligro de lo que los científicos llaman “polución vengativa” que podría agravar a futuro aún más la cuestión climática. Algo de esto ya se está viendo con las flexibilizaciones de normas ambientales como , por ejemplo, en Estados Unidos que planea dejar de imponer sanciones a empresas contaminantes, en Cataluña donde se liberalizaron las normas urbanísticas o en Brasil donde se flexibiliza la fiscalización a actividades de deforestación en la Amazonia.

Antes de la pandemia el planeta ya estaba seriamente amenazado por las consecuencias del calentamiento global que impone urgentemente reducir el uso del petróleo y carbón y su reemplazo por energías renovables. La comunidad científica mundial ya había alertado que si no se reducían las emisiones de gases de efecto invernadero en dos o tres décadas, las consecuencias para varias regiones del planeta y de la humanidad serían mortales e irreversibles. En ese entendimiento los países del mundo habían firmado el Tratado de París, que básicamente era un plan progresivo de reemplazo de energías. Pero el complejo militar e industrial y las corporaciones petroleras con Trump a la cabeza rompieron con el Tratado y la situación se agravaba porque, los que defendían el tratado tampoco lo implementaban con la seriedad y velocidad necesaria. En ese contexto llegó la pandemia y la parálisis económica mundial que bajó de prepo las emisiones y oxigenó el planeta. Que se consolide el camino de reducción del calentamiento global dependerá de cómo se resuelva la disputa entre los sectores que pretenden una reactivación sustentable y los que pregonan volver a un sistema productivo apoyado en el petróleo. Gran parte de esa disputa se juega en las próximas elecciones de noviembre en Estados Unidos, donde una reelección de Trump volvería a poner al planeta en peligro por su negacionismo del cambio climático.

Punto de inflexión en el capitalismo global

No es la primera vez que una epidemia influye sobre el destino de una civilización y marca un antes y un después en la historia. La plaga de Atenas (430 AC) fue considerada como el principio del fin de la hegemonía ateniense sobre la antigua Grecia, según relata Tucidides. En los siglos siguientes, la malaria contribuyó al hundimiento del imperio romano; la plaga justiniana (una peste bubónica) debilitó al imperio Bizantino frente a godos y árabes; la peste negra terminó de enterrar al sistema feudal alterando la oferta de alimentos y tierras; el tifus fue clave en la derrota del ejército napoleónico en Rusia. La primera globalización contemporánea comenzó hacia 1870 y terminó en la gripe española de 1918 y la última fase de la globalización iniciada en 1989 parece estar llegando a su punto final con el coronavirus que ha generado un derrumbe económico mundial.

A excepción de un pequeño puñado de países , basados en la agricultura y con escasa integración al comercio mundial (la mayoria de ellos de una parte de Africa y unos pocos asiáticos), en todos los continentes se ha registrado un derrumbe generalizado de la economía que ha roto todas las cadenas de valor. La caída global de la economía ya es del 4,9 % en lo que va del año. El ranking del derrumbe lo encabezan los países de América Latina y el Caribe con caída del 9,4 %, seguido por los países altamente desarrollados que se han derrumbado un 8 %. Más lejos, las caídas del resto de los países emergentes es del 3 % y de los países asiáticos del 0. 8 %. El desplome de la economía mundial para fin de año se proyecta en 5,2 %, el doble de lo que se registró en la crisis financiera del 2008. De los países que más pesan en la economía mundial, solamente China podrá registrar un modesto crecimiento del 1 %, mientras que Estados Unidos, Inglaterra , la Unión Europea y Japón caerán el 8 % y Rusia el 6 %.

En estas circunstancias completamente excepcionales, donde el miedo y la incertidumbre se instalan en miles de millones de hogares, queda al descubierto la raíz de un sistema que se basa en la codicia y la avaricia y que sólo persigue la máxima ganancia, particularmente en aquellos países donde la privatización del agua y la salud dejan al descubierto la extrema vulnerabilidad a la que exponen a sus poblaciones en aras de la riqueza de unos pocos. Son estas circunstancias excepcionales las que enseñan aceleradamente a los pueblos que el Estado debe primar sobre el mercado, que la necesidad y la solidaridad es más importante que la máxima ganancia y que la vida y la salud están por encima de cualquier otra consideración. Los gobiernos que interpretan esos vientos son los que se fortalecen mientras que, por el contrario, los que siguen aferrados a garantizar la riqueza de unos pocos, agravan el desastre y entran en decadencia. El Papa Francisco dijo reiteradas veces que nadie se salva solo y que sólo se sabe cuando se sufre. Efectivamente este sufrimiento colectivo está generando rápidos aprendizajes y reordenando conductas que pueden dar algunos indicios de cómo podría reconfigurarse la “normalidad” en el porvenir.

El ocaso de la hegemonía imperial norteamericana:

La pandemia ha acelerado la decadencia del imperio norteamericano que ya venía perdiendo mercados a expensas de China y Rusia y la batalla por las nuevas tecnologías, donde China lo aventaja. Con la caída brutal del precio del petróleo por los acuerdos de Rusia y Arabia se ha encarecido el shale no convencional, donde EEUU tenía su fuerte. Sus ilusiones de retener al menos la dirección energética del mundo se están desvaneciendo. Mientras tanto, la pandemia golpea de lleno al corazón de la sociedad norteamericana con miles de infectados y muertos por día y un sistema de salud privatizado que colapsa. EEUU no ha jugado ante el mundo ningún rol progresivo en la pandemia. Por el contrario, es acusado por Francia y Alemania de haber bloqueado compras de mascarillas para apropiárselas y es repudiado en su propio continente por la imposición de Trump a la empresa 3M de prohibir ventas de mascarillas a América Latina o de pretender monopolizar para su propio país las vacunas que surjan. Al compás de la crisis, la oposición y un ala de la burguesía globalizadora redoblan los cuestionamientos a Trump que debe enfrentar una elección ya no tan sencilla en noviembre. Henry Kissinger expresó claramente la línea de los detractores del gobierno cuando sostuvo que “Va a crecer la agitación política y económica y podría durar varias generaciones. Ningún país, ni siquiera Estados Unidos, puede en un esfuerzo puramente nacional, superar el virus. Para abordar las necesidades del momento debe combinarse con visión y programa de colaboración global. Si no podemos hacer ambas cosas a la vez, enfrentaremos lo peor de cada una”. Trump va por el camino opuesto y ya se ha encontrado con una rebelión generalizada en 126 distritos desatada por el asesinato racista policial a George Floyd , pero que indudablemente expresa además un profundo descontento social por el crecimiento de la desocupación, los infectados y los muertos. Las elecciones norteamericanas se dan sobre un escenario de pérdida de 40 millones de empleos, caída grave de su PBI y récord mundial de infectados y muertos por la pandemia.

En noviembre se dirime algo más que una elección presidencial. Allí se sabrá si Estados Unidos asume su ocaso imperial hegemónico como lo asumió Inglaterra al fin de la segunda guerra mundial o si persiste como un elefante en un bazar en sostener un rol imperial ya devaluado como en los años finales del imperio romano, con severas consecuencias para el mundo. Por lo que indican las tendencias de voto en los distritos, hay varios estados históricamente republicanos que estarían cambiando su voto a favor de Biden descontentos por la situacion social, pero también por el manejo de la cuestión petrolera.

La pérdida de peso de Europa

El peso de Europa en el mercado mundial ya venía en picada combinado con la crisis que significó el alejamiento de Inglaterra con el Brexit. La pandemia no ha hecho más que acelerar la decadencia. La antigua “cuna de la civilización” y el continente estrella de la globalización se transformó en uno de los epicentros iniciales de la pandemia. Cuanto más privatizados sus servicios de salud mayor fue el desastre, como lo muestran los casos de España, Italia y Francia. Si en Alemania los resultados no son tan drásticos es porque todavía existe una cobertura universal sanitaria para su población. La Unión Europea y sus instituciones quedaron al descubierto frente al pico de la pandemia del coronavirus: el presidente del Consejo Europeo no tuvo ni siquiera un equipo de diez médicos para enviar a Lombardía o a España. Por el contrario, la UE gastó 420 millones de euros para la Frontex, su superequipada policía de frontera. En la pandemia quedo al desnudo que la UE no tiene ni hospitales de campaña, ni reservas de respiradores ni de mascarillas para poder ayudar a un país miembro. Pero está equipada de drones europeos para espiar los movimientos de personas en peligro que tratan de obtener el derecho de asilo. Y esas personas, todos los años, mueren por millares en el Mediterráneo. España e Italia encabezan el ranking mundial del derrumbe económico, con caídas proyectadas de más del 12 % y Alemania, que es la que más control tiene de la crisis, profundiza sus vínculos con Rusia y se aleja de la influencia de EEUU. Antes de la pandemia, Europa ya comerciaba más con China y Rusia que con EE.UU. La crisis actual no hizo más que profundizar esa tendencia.

En estos dìas se debate en la UE la creación de un fondo de recuperación de 500 mil millones de euros que funcione como motor de una especie de plan Marshall para la reactivación económica, pero claramente Europa arranca desde atrás en la disputa por los mercados.

El ascenso de China y Rusia

Diferente es el panorama de Rusia y China que quedan mejor posicionados de cara a lo que viene. La caída proyectada del PBI ruso es del 6 %. Sin embargo, sus acuerdos con Arabia en Medio Oriente para controlar los precios del petróleo y el afianzamiento de sus relaciones con Alemania y la UE, auguran buenas chances de recuperación.

En el caso de China se ha desacelerado su crecimiento anual al 1 %. Sin embargo, es la única potencia que puede mostrar números positivos en esta crisis y además un peso creciente en los mercados y en la batalla por las nuevas tecnologías. De hecho, la Unión Europea hoy comercia más con China que con EE:UU; incide de manera decisiva en prácticamente todo el continente africano, varios países asiáticos, comienza a penetrar en las economías latinoamericanas e integra a numerosos países en la llamada nueva ruta de la seda. Además, mediante la empresa Huawei, monopoliza el control de la tecnología de 5ta generación que tiende a imponerse en el mercado mundial y controla uno de los dos minerales claves del futuro: el coltan que permite la elaboración de circuitos electrónicos, cuyo 90 % de las reservas está en el Congo. Estuvo a punto de controlar el otro mineral, el litio (indispensable para las baterías) mediante un acuerdo con Bolivia hasta que se desencadenó un golpe de Estado contra Evo Morales fogoneado por el Departamento de Estado.

Cabe señalar también que el 80 % de la materia prima de la industria farmacéutica mundial es de origen chino y que el 60 % de la deuda que tiene EEUU es con ese Estado asiático. Por todos estos motivos, el ascenso de China se ha agudizado bajo este contexto de pandemia global.

El peligro de “genocidio virósico” en países emergentes:

El peligro de “genocidio virósico” que menciona el Papa Francisco puede llegar a concretarse en regiones de Africa, Asia y América Latina, donde son muy pobres las estructuras sanitarias y el 40 % de los hogares carece de acceso al agua potable y vive en situación de hacinamiento. En muchas de esas regiones el “lavarse las manos” y “quedarse en casa” parece una quimera. Es inimaginable que en esas circunstancias se puedan masificar el teletrabajo o la educación a distancia y que la población pueda acumular comida y suministros básicos por varias semanas en cuarentena. Aplicar el modelo de cuarentena europeo o el propio de los grandes centros urbanos en esas regiones es inviable y persistir en ello, implica una militarización y represión creciente de poblaciones que subsisten del cuentapropismo.

Fortalecer al Estado sobre el mercado para priorizar la salud de sus ciudadanos antes que a la máxima ganancia y disponer de todos los recursos públicos y privados al servicio de este objetivo, puede ser una salida en la que otras tácticas garanticen el cuidado de sus poblaciones, como podría ser el aislamiento comunitario, las redes territoriales de ayuda social y la provisión de agua, alimentos e insumos básicos dando siempre prioridad a las indicaciones de salud pública en cada contexto determinado. Es cierto que en muchas de esas regiones hay gobiernos corruptos, timoratos, poco afectos al servicio al pueblo, pero también es cierto que en estas circunstancias completamente excepcionales, la historia demostró que muchos gobernantes pueden ir más lejos de lo que quieren bajo la presión de los pueblos. En los casos como Brasil, donde el derechista Bolsonaro ha pretendido priorizar el mercado por encima de la salud, ya hay movimientos profundos por abajo y por arriba que podrían sellar su destino sino cambia a tiempo. En el extremo opuesto, Alberto Fernandez en la Argentina está tomando una batería de medidas en protección de la vida humana por sobre la de los mercados y ha logrado el acompañamiento de más de un 80 % inicial de la población.

Aumento de tensiones en Latinoamérica:

Latinoamérica es la región más golpeada por la pandemia, tanto desde el punto de vista económico como sanitario. Con una caída del 9,4 % promedio del PBI encabeza el ranking del desplome. Además enfrenta en varios países como Brasil, Ecuador, Perú y Chile un verdadero colapso sanitario con decenas de miles de muertos e infectados. El efecto de las inevitables cuarentenas en economías con alto nivel de informalidad y poca presencia del Estado, más las débiles estructuras sanitarias son una combinación explosiva que hoy está en ebullición.

A estos factores objetivos hay que sumarle la poderosa incidencia que todavía tiene Estados Unidos en la mayoría de los gobiernos latinoamericanos a los que alienta a seguir por el camino suicida del neoliberalismo y donde el imperio no se resigna a perder el control de lo que considera que es su “patio trasero”.

La combinación de todo esto ha generado agudas crisis políticas, económicas y sociales que en algunos países amenazan con su misma estabilidad institucional. La junta golpista en Bolivia se desangra en internas y ha convocado a elecciones donde todos los pronósticos indican un regreso del MAS al poder. No está descartada la posibilidad de un golpe dentro del golpe para evitar la pérdida del control estratégico del litio. En Brasil se suceden las renuncias de los ministros de salud, justicia y educación en medio de un desbande económico y récord de muertos e infectados. Tampoco puede descartarse allí un golpe al interior del propio bolsonarismo. La situaciòn institucional de Perú y Ecuador también es sumamente precaria y con pronóstico de estallidos sociales. En Chile y Argentina si bien hay mayor estabilidad institucional, están expuestos a un aumento de las tensiones y la violencia política. El segundo semestre del año va a ser uno de los más complejos en la historia de la región y se dan con el telón de fondo de las elecciones norteamericanas previstas para noviembre.

Algunos desafíos:

Las pinceladas del después se van configurando en el transcurso de la misma crisis. En el miedo a la muerte propia y de seres queridos, los pueblos aprenden rápidamente de las experiencias de aquellos países que más cuidan a sus pueblos y de los que los dejan a la deriva. Hay una revalorización de los Estados nacionales por encima de los mercados. De priorizar las vidas humanas por encima de cualquier ganancia. De reconocer la importancia de sistemas de salud universales que protejan a la población. Hay una mayor conciencia de que nadie se salva solo y que llegó la hora de que aporten al bien común los que se han enriquecido con el sistema que ahora perece.

También hay una profunda reflexión colectiva en los pueblos respecto al daño hecho a la Casa Común y cómo la naturaleza pasa factura. De cuánto consumismo, despilfarro y descarte precedieron a esta crisis. Es muy impactante ver cómo esta pandemia afecta por igual a todos los estratos de la sociedad sin importar clase, raza o etnia. También es significativo que a este virus, por las características de difusión y contagio, solo se lo pueda combatir colectivamente, mediante la solidaridad y el respeto al prójimo. La pandemia ha puesto blanco sobre negro mostrando quién es quién. Aquellas sociedades que cuidan a sus abuelos contrastan con aquellas que convocan a una especie de darwinismo social. Aquellos países que solidariamente extienden una mano a otros y los que buscan acaparar los recursos indispensables solo para sí.

Mientras tanto, hay medidas que se van insinuando en el devenir de la crisis y bajo la presión de los pueblos. El desconocimiento o postergación de las deudas fraudulentas que atormentaron a los países en desarrollo, la indispensable necesidad del control de la banca y el comercio exterior, la recuperación soberana de los recursos estratégicos energéticos y alimentarios , la necesidad de sistemas de salud que garanticen la asistencia a toda la población, la necesidad de una renta básica universal que asegure el sustento elemental a cada familia. Medidas que hasta hace pocos meses parecían quimeras, hoy afloran por aproximaciones sucesivas en el horizonte de pueblos que luchan por su supervivencia. Y empujan a los gobiernos a adoptarlas con mayor audacia.

Hay tres misiones que Juan Perón desplegó en sus gobiernos y que desataron el odio del imperio y la oligarquía, que siempre apostaron a la atomización de nuestra región para poder saquearla. En primer lugar, la reconstrucción de la Patria Grande, uniendo a Latinoamérica bajo una bandera común. En segundo lugar, nuestro desarrollo industrial, superando la instancia de meros proveedores de materias primas. Y en tercer lugar nuestro destino trascendente reconocido en la cristiandad en la que se identifican la abrumadora mayoría de los pueblos de la región.

Estas tres misiones deben apoyarse en la fuerza motriz de los trabajadores latinoamericanos y, muy particularmente, en el ejemplo que puede dar la potencia del sector más combativo del movimiento obrero en la Argentina. Esa fuerza motriz debe empalmar con el frente interreligioso que pacientemente ha venido tejiendo Francisco en torno a los ejes estratégicos y proféticos del Laudato Si. El accionar conjunto puede ser una base terrenal y espiritual que puede jugar un rol central en la reconfiguración de sociedades que sean justas, inclusivas y sustentables. Naturalmente el camino no es lineal y los imperios en caída pueden cometer locuras antes del ocaso y en el camino traer muchas penurias a la humanidad. Pero más temprano que tarde, los pueblos levantarán bien alto la bandera de la vida y la fraternidad, porque esta pandemia global y traumática dejará huellas profundas en el sentido común de la raza humana.

Visto desde ese punto de vista, nuestra corriente multisectorial laudatista, peronista y obrera que se extiende federalmente por toda la Patria, está llamada a jugar un rol estratégico en la reconstrucción de la Patria y en marcar un camino de justicia, libertad y soberanía en la región.

Gustavo Vera