El rebrote del coronavirus y la fortaleza de las nuevas cepas vuelven a poner en jaque a la economía. Los datos reflejan que hacia el cierre del año 2020 la tendencia en la mayoría de los sectores de la actividad económica es de recuperación, y en algunos casos, como la industria y la construcción, se ha retornado a niveles de pre pandemia. Si bien esto es alentador, es cierto que para sostener esta recuperación hace falta que se den condiciones de control del virus y de aplicación de políticas expansivas que permiten apuntalarla, y transformarla en una tendencia de crecimiento sostenido, que al menos permita cumplir con las proyecciones que marcan un 5,5% de crecimiento para el año en curso. Por un lado, la preocupación por la fuerza del rebrote lleva al gobierno a volver a contemplar la posibilidad de nuevamente adoptar cierres más estrictos, pero, por otro lado, el margen de maniobra desde la economía resulta ya casi nulo. En el presupuesto 2021 no se contempló ninguno de los programas de emergencia adoptados durante 2020, como por ejemplo el IFE, ATP, y otros. Sin embargo, en caso de restringirse nuevamente la actividad sería necesario retomar algunos de ellos, aunque sea de forma más direccionada y específica. Pero aparece en la escena la necesidad de un acuerdo con el FMI que permita despejar de vencimientos el horizonte de deuda, y alejar nuevamente a la economía de un default. En este sentido, el ministro Guzmán, que avanza en las negociaciones, proyectó en el presupuesto para este año un déficit fiscal de 4,5% del PBI, lo cual requirió de la eliminación de los programas especiales de asistencia, bajo la hipótesis de que la cuarentena había quedado atrás. Este objetivo implica ciertos ajustes, teniendo en cuenta que el 2020 habrá finalizado con un déficit en relación al PBI en torno a un 7,5%. Estas proyecciones trabajaban bajo la hipótesis de que un posible rebrote se daría una vez que finalizara el verano, con la llegada de temperaturas más bajas, y que durante toda la temporada estival iba a contarse con la posibilidad de avanzar en un plan de vacunación que permitiera tener el asunto más controlado para el momento del rebrote. La realidad refleja otra cosa, que el rebrote se aceleró, que los tiempos se acortaron, y que la experiencia de muchos países del hemisferio norte marca el camino de la adopción de nuevas restricciones. Es así, como la probabilidad de tener que implementar programas de asistencia nuevamente es cada vez más alta, y la de alcanzar la meta fiscal acordada con el FMI cada vez más baja. En este escenario, ¿se logrará firmar un nuevo acuerdo que postergue los vencimientos?, ¿estará dispuesto el organismo a plantarse firme frente a un país muy debilitado en medio de una pandemia?, ¿se postergará todo sin acuerdo firme?. Todas estas dudas comienzan a aparecer en la escena en el inicio de un año muy complejo en materia económica. 

Mientras tanto, la política y la economía comienzan a entrelazarse cada vez más fuerte, y se observan contradicciones internas en la coalición gobernante. En los últimos días se sumó la decisión presidencial de dar marcha atrás con un aumento a las compañías de medicina prepaga que ya había sido publicado en el Boletín Oficial, lo cual implica que tuvo el visto bueno del ministerio de salud y de la superintendencia de salud. Esto desnuda el debate interno acerca de la política vinculada con las tarifas de aquí en adelante. Luego, el trascendido desde fuentes oficiales sobre un DNU ya listo para ser publicado al día siguiente sobre la puesta en marcha de un toque de queda sanitario, que restringiría la circulación entre las 23 y las 6hs, que finalmente, y luego de fuertes críticas públicas desde sectores de la oposición, nunca fue publicado, y terminó todo en un anuncio que no cambió prácticamente nada, y trasladó a cada distrito la decisión sobre restringir actividades o no. También, la prohibición a la exportación de maíz, con el objetivo de contener el traslado a precios internos de los alimentos, que despertó la reacción de la mesa de enlace, que anunció un cese de actividades por 72hs a partir de hoy lunes, que llevó al gobierno a publicar hoy mismo una flexibilización sobre el anuncio, que finalmente permite exportar hasta 30.000 toneladas por día, y recibió como respuesta la continuidad de la medida de fuerza. En un contexto complejo económico, señales contrarias, idas y vueltas, incertidumbre y muestras de debilidad, son la peor receta para intentar sostener la recuperación. 

Como efecto cascada comienzan a darse situaciones de default de deudas provinciales. Luego de la reestructuración de deuda pública con acreedores privados a nivel nacional, debería iniciarse el proceso de reestructuraciones de deudas provinciales. La provincia de Buenos Aires viene postergando un acuerdo hace rato, pero en el marco de un diálogo abierto con los acreedores, lo cual no generó por el momento ninguna situación de stress. En algunas provincias ya sí se han comenzado a dar eventos de default. En Entre Ríos se recibió una demanda de bonistas en Nueva York por no haber logrado reestructurado su deuda a tiempo y evitado el default a pesar de mantener una sólida posición fiscal. A partir de hoy la provincia de Córdoba entra formalmente en default, ya que la propuesta de la provincia resultó rechazada por algunos grupos de bonistas. Son muchas las provincias que tienen pendiente la reestructuración  de sus deudas y enfrentan la posibilidad cierta de caer en default. 

Un dato positivo, es que la recaudación tributaria de diciembre avanzó un 38% anual y alcanzó los $679.641 millones. Asumiendo una inflación de +4% mensual para diciembre (última estimación del REM BCRA), por cuarto mes consecutivo la recaudación habría avanzado por encima de la inflación, creciendo en términos reales. En particular, los impuestos internos registraron un aumento de 9% anual en términos reales. El incremento en estos tributos fue liderado por lo recaudado por Bienes Personales (+247% anual en términos reales) y Ganancias DGI (+19% anual en términos reales). Sin embargo, la recaudación por IVA DGI (tributo fuertemente ligado al nivel de actividad), cayó -1% anual en términos reales, siendo esta la menor caída interanual en términos reales en lo que va del año (desde el mínimo de -33% anual en términos reales alcanzado en abril), pero sin lograr por el momento revertir su caída. Los impuestos externos cayeron -20% anual en términos reales. Se vio una fuerte caída en lo recaudado por derechos de exportación (-67% anual real), asociado al adelantamiento de exportaciones que hubo a fines de 2019 para evitar mayores gravámenes, y a los mecanismos de evasión del fisco de exportaciones que no terminan siendo declaradas.

Siendo que la clave para sostener la recuperación de la actividad económica en el año que comienza es recuperar el poder adquisitivo de los salarios, es importante seguir de cerca su evolución. El INDEC publicó la semana pasada el índice de salarios de octubre, que avanzó +4,1% mensual (vs +2,5% mensual en septiembre), y en los últimos 12 meses acumula una suba de +32,9%.  Para el mismo período, la inflación registró un incremento de +37,2% anual, por lo que en términos reales el índice de salarios cayó -3,2% anual. En el caso de los salarios registrados del sector privado la suba fue de 5,3% mensual, en el sector público de 3,1% mensual, y en el caso de los salarios del sector privado no registrado un +2,2% mensual. Si no se logra revertir urgente esta caída del poder adquisitivo que ya acumula años, será imposible sostener la recuperación. 

Mientras tanto, el BCRA siguió tomando medidas vinculadas con la administración del acceso a divisas para comercio exterior. Se decidió endurecer el acceso para importadores (buscando activar la industria local de bienes finales), y una flexibilización para exportadores. Los importadores de bienes suntuarios deberán obtener financiamiento antes de acceder al mercado oficial para cancelar los pagos (a partir de los 90 días desde el despacho a plaza para los productos finales y a partir de 365 días para los bienes identificados como suntuarios). La medida involucra un monto global mensual de US$ 300 millones de bienes finales y 25 millones en bienes suntuarios. En cuanto a los exportadores, se flexibilizaron las restricciones para que las firmas que venden al exterior puedan reestructurar o refinanciar sus deudas. Se permitirá que los deudores acumulen las divisas de sus exportaciones en cuentas del exterior o del país para garantizar la cancelación de los vencimientos de los pasivos concertados a partir de enero de 2021.

Se conoció un informe del Ministerio de Trabajo sobre el mes de octubre, con algunos datos de relevancia. Los trabajadores suspendidos con el pago salarial reducido de hasta el 25%, pasó de los 777.000 en abril a 408.000 en octubre. El empleo formal subió 2.696 personas en octubre, básicamente por los monotributistas independientes. Hace un año había 12.145.219 empleados registrados, y hoy son 11.901.347 (243.872 menos que hace un año). El sector privado perdió 4.244 puestos en el mes, y respecto de un año atrás perdió 244.268 empleos. El sector público perdió 2.666 puestos en octubre, y respecto a un año atrás aumentó 4.679 puestos. Por su parte, la remuneración promedio fue de $68.481 en octubre (US$ 474 al dólar MEP), un aumento de 34,1%, por debajo de la inflación del período de 36%. Los datos reflejan una compleja situación para el empleo en el marco de una recesión que se extiende en el tiempo. 

La producción nacional de vehículos cerró 2020 cayó 18,3% anual en 2020, con lo que alcanzó el nivel más bajo desde 2004 en cuanto a fabricación, exportación y ventas de las terminales locales como resultado del impacto de la pandemia en la actividad.

Sin embargo, algunos datos resultan alentadores para el cierre del año, a la vez que plantean un gran desafió para el año entrante, tal como comentamos en el inicio de este informe. El índice de producción industrial manufacturero de noviembre avanzó un 4,5% anual (vs -3,1% anual en octubre) y +3,5% mensual (vs -1,5% mensual el mes pasado). De esta manera, entre enero y noviembre el índice acumula una caída de -8,6% con respecto al mismo período de 2019. Sin embargo, la serie desestacionalizada se ubica en el mismo nivel que en febrero (previo al inicio de la cuarentena ocasionada por la pandemia). Esto último resulta alentador. En orden de mayor incidencia sobre el índice general, se destacaron las subas en los segmentos de maquinaria y equipos (+30,9% anual), alimentos y bebidas (+4,3% anual) y otros equipos aparatos e instrumentos (+30,9% anual). Por otro lado, se registraron caídas en los sectores de prendas de vestir, calzado y cuero (-19,6% anual), refinación de petróleo (-15,3% anual) y productos de metal (-4,6% anual). También resulta alentador el comportamiento de un sector clave como la construcción. Durante noviembre, el indicador sintético de la actividad de la construcción avanzó un 6,2% anual (vs -0,9% anual en octubre) y +7,2% mensual (vs +3,5% mensual en octubre 2020). Sin embargo, en el acumulado del año registra un descenso de -22,8% en comparación con el acumulado enero-noviembre de 2019. El consumo de asfalto cayó -15,4% anual y acumula en el año una caída de -57,4% con respecto al mismo período de 2019. Por otro lado, avanzó +25,1% YoY el consumo de cemento (cae -14,7% en el acumulado del año). Esto muestra que la construcción privada ya ha reaccionado y es la que lidera la recuperación, mientras que la obra pública permanece aún rezagada. En octubre, los puestos registrados en la actividad de la construcción cayeron -19,5% anual y entre enero y octubre acumulan una caída de -23,6% en comparación con el año previo. La superficie a construir, autorizada por permisos de edificación, cayó -33,2% anual en octubre.