Por Gustavo Vera

Se nos fue a la Casa del Señor nuestra querida compañera Miriam Portela, militante incansable y coordinadora de la multisectorial 21 F en el departamento de Punilla. Y estamos seguros que fue allí, porque lo que más definió a Miriam fue su incondicional amor al prójimo y particularmente a los excluidos. Miriam fue una buena samaritana aún en sus momentos personales más adversos, dedicó su vida al servicio a los demás. Lo que escribió el Papa Francisco sobre el buen samaritano define con exactitud a Miriam: “El samaritano se fue sin esperar recompensas o gratitudes. La entrega al servicio era la gran satisfacción frente a su Dios y a su vida y por eso un deber. El samaritano cruzó todas las barreras para asistir al herido judío y en un “nos-otros” traspasó los prejuicios de la epoca” (fratelli tutti)

En menos de dos años Miriam ayudó a construir 60 huertas familiares y 4 huertas solidarias; ayudó a mças de 300 vecinos a acceder al IFE y al gas social; armó el primer ropero comunitario en Huerta Grande y estuvo en la primera línea de la trinchera de la solidaridad en los momentos más duros de la pandemia donde asistió con alimentos de donaciones a familias necesitadas. Ayudó a que los compañeros que comenzaron a percibir el Potenciar trabajo desarrollaran talleres de cerámica, huertas solidarias, literatura, cuidado de personas y reciclado.

Se ocupó de asistir y contener víctimas de violencia de género y realizó denuncias; hizo tareas de prevención contra la trata y el tráfico de personas y militó junto a los pueblos originarios de la región. Y siempre lo hizo desde la solidaridad, la gratuidad, sin especulaciones ni búsquedas de cargos u honores. 

Miriam hizo honor en la práctica al lema de “La Patria es el Otro” y dedicó todo su tiempo a ayudar a los más necesitados y a educar y cuidar a sus hijas y sus nietos. Su ejemplo iluminaba el camino de sus compañeros. 

Un enfermedad terminal avanzada la sorprendió en el camino. Se hicieron trámites y colectas para conseguir los medicamentos paliativos. El pronóstico era malo. Sin embargo, Miriam asumió la enfermedad como una batalla más y siguió hasta donde le dieron sus fuerzas desplegando amor y servicio al pueblo y su familia. Todavía uno puede encontrarse con mensajes de whatsap o posteos de facebook de Miriam de apenas pocos días antes de su partida. Todavía nos resuena su mensaje a un compañero que hace unos días dejó la militancia en la provincia por razones personales al que le escribió en el grupo del 21 F local: “ me entristece que nos dejes, respeto tus motivos….ojalá que con el tiempo volvamos a estar trabajando juntos nuevamente, un fuerte abrazo y siempre tendrá una amiga en Punilla”. No hizo reproches, respetó su decisión, manifestó su esperanza de volver a servir juntos y le ratificó su amistad. Esa actitud definió siempre a Miriam.

Su opción por ser buena samaritana no pudo ser quebrada ni siquiera por la enfermedad que la consumió. Como alguna vez dijo Bertol Brech: “hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles” . Y Miriam claramente era una imprescindible entre nosotros.

Se fue sin esperar recompensas, ni gratitudes como diría Francisco y con la gran satisfacción de haber amado y servido al prójimo. Su amor incondicional al pueblo y su espíritu de solidaridad serán memoria y bandera entre nuestras filas. Ahora nos ilumina desde el cielo y nos llama a “trabajar juntos nuevamente” por la felicidad de nuestros hermanos.

Gustavo Vera. 11 de diciembre 2021