Ingresamos en la última semana previo a las elecciones generales con mucha tensión en el frente cambiario, dinámica de aceleración inflacionaria, y un alejamiento de la posibilidad de acuerdo con el FMI. Esta semana se conocerán los datos de actividad económica, actividad de la construcción, e inflación minorista. Los datos de actividad seguirán reflejando la recuperación, tras la caída provocada el año pasado por la pandemia, y la atención estará centrada en el dato de inflación del jueves. Estimaciones privadas dan cuenta de un aumento mensual en torno al 3%. Incluso el propio Roberto Feletti, secretario de comercio interior, reconoció que muy probablemente el dato de inflación de octubre se ubique por encima del 3% mensual. Recordemos que, tras algunos meses de cierta desaceleración, el dato de septiembre reflejó un salto al 3,5% mensual, lo cual permite proyectar un cierre de año en torno al 50%. Por su parte, los salarios no logran recuperar poder adquisitivo, y se encaminan al cuarto año consecutivo de pérdida. La recuperación de la actividad tampoco logra recuperar los puestos de trabajo perdidos el año pasado. Apenas la mitad se recuperaron, según reflejan las estadísticas.

En este escenario llega el gobierno a una elección muy complicada, y luego de una derrota en las PASO, hace apenas un mes atrás, que disparó fuertes internas, cambios de gabinete, y dejó en evidencia la existencia de fuertes contradicciones al interior de la coalición gobernante. Es difícil imaginar un reacomodamiento de las principales variables macroeconómicas en un entorno de fuerte debilidad política, como el que podría darse, en caso de repetirse el resultado las PASO el domingo próximo. Gran parte de la población tiene tanta bronca e impotencia frente a una realidad que se plantea adversa hace ya mucho tiempo, que en la última elección decidió no votar, elegir alternativas extremas, o volver a votar a la fuerza política que fracasó rotundamente hace apenas dos años atrás. El descontento es muy fuerte y conduce a una compleja dinámica social, que puede derivar en una crisis, si se considera la fragilidad económica que enfrentamos.

En relación al frente fiscal, una de las claves de un acuerdo con el FMI, se conocieron los datos de recaudación de octubre, que ascendió a $1.018.783 millones, aumentando +59% anual desde +61% anual en septiembre. Los impuestos internos crecieron +51% anual (IVA +48% anual y Ganancias +55% anual), mientras que los impuestos externos crecieron +87% anual (IVA +65% anual, Ganancias +93% y derechos de exportación +135% anual). En términos reales la recaudación creció +4% anual, impulsada por los impuestos externos (+23% anual en términos reales vs -1% anual por parte de los impuestos internos). Comparando contra el 2019 la recaudación creció +10% anual, pero la mayor contribución vino por el lado de los impuestos internos (+11%) en lugar de los externos (+5%).

Varias conclusiones podemos sacar a partir de estos números. En primer lugar, el crecimiento de la recaudación del IVA por debajo de la inflación da cuenta de la persistente caída en el consumo interno, consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Por otro lado, el aporte más importante en términos de crecimiento a la recaudación viene de la mano de las retenciones a las exportaciones, pero que no tiene correlato con una acumulación de Reservas, ya que los dólares ingresan más lentamente, a la vez que salen por importaciones que crecen de la mano de la recuperación, y demanda financiera. En cuanto a la liquidación de divisas, durante octubre el sector cerealero, publicado por CIARA CEC, liquidó U$S 2.416,6 millones, equivalente a una caída de -1% mensual, pero aumentando +41% anual. Por otro lado, en el acumulado del año se mantiene en máximos históricos con una variación de +66% anual y +45% con respecto al mismo período en el 2019.

Mientras siguen las reuniones del ministro Guzmán con los equipos técnicos del organismo, se busca seguir construyendo los entendimientos necesarios para obtener un acuerdo sostenible que nos permita refinanciar la deuda, y afirmó el ministro que la posibilidad de una cláusula en la negociación para evitar una declaración de impago ante el FMI es un rumor infundado. A su vez confirmó que se le pagarán al FMI otros US$ 1.892 millones con DEGs en diciembre.

En cuanto al ritmo de la emisión monetaria, el 29 de octubre el BCRA realizó una nueva transferencia al Tesoro por $95.000 millones, siendo la quinta transferencia del mes (aunque hubo una cancelación de adelantos transitorios), y acumulando $352.712 millones, desde $250.000 millones en septiembre (sin contar la cancelación de adelantos realizada con los DEG’s del FMI), siendo el mes con mayores transferencias desde mayo 2020. En términos del PBI las transferencias al Tesoro acumulan 3,2% (2,15% si se considera la cancelación hecha con DEG’s) desde 5,85% del PBI en octubre 2020.

Se conoció el último relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) realizado por el BCRA a fines de octubre. Se observa que para el 2021 se espera un crecimiento del PBI de +8,3% (desde +7,6%), una inflación del 50,3% (desde 48,2%), un tipo de Cambio oficial de $105,1 (desde $105), y una tasa de interés Badlar (promedio de plazos fijos mayoristas) de 34,5% (desde 34,4%).

La atención está puesta en el día después, que rumbo tomará la economía a partir del lunes 15, y en qué contexto político va a ocurrir esto. El gobierno deberá definir un rumbo, ya que no hay margen para seguir dos años transitando con esta falta de definiciones sobre aspectos básicos. El rumbo a tomar dependerá fuertemente del resultado electoral. Gran parte del mercado financiero apuesta por un salto devaluatorio hacia fin de año, o durante el verano 2022, esto se observa en el fuerte crecimiento de los volúmenes operados en los contratos de futuro de dólar. El gobierno intentará resistir esta opción, ya que puede conducir a una crisis social de magnitud, el FMI presiona en busca de cerrar un poco la brecha cambiaria, y el mercado apuesta a que ocurra. Mientras tanto, los vencimientos que se avecinan, las escasas reservas netas con que se cerrará el año, la compleja dinámica comercial, y los incentivos cruzados que generan el menú de diferentes tipos de cambio, condicionan la voluntad de la política económica.