A un día de la fecha de cierre para la aceptación del canje de deuda propuesto por la Argentina, pareciera que se llega finalmente a un acuerdo y cuando todo indicaba que se volvía a postergar la fecha un mes más, el gobierno sorprendió comunicando que esta vez es definitiva y que no habrá postergación. La diferencia monetaria es muy chica en este momento, e incluso los grupos de acreedores con posición más firme han presentado una nueva oferta cediendo pretensiones y ubicándose a mitad de camino entre su última propuesta y la del gobierno argentino. A pocas horas del cierre pareciera que se alcanza un acuerdo. De todas formas, como venimos anticipando en nuestros informes, tras esta etapa, ya sea que culmine con éxito o no, comienza la negociación con el FMI, y en este caso la discusión no será financiera y de forma de pago, sino que se centrará en el programa económico. Y es ahí donde se dará el comienzo del fin del romance con el organismo, y se discutirán aspectos fundamentales, como las políticas de ajuste, la reforma previsional, la reforma laboral, y otros, en los que la posición histórica del FMI choca de frente con las pretensiones en materia de política económica que manifiesta el gobierno argentino. Este debate resultará clave los próximos meses. 

Por su parte, la continuidad de las restricciones a la movilidad y a una cantidad importante de actividades mantienen a la actividad económica en niveles muy bajos, y se requiere de la extensión en el tiempo de los paquetes de asistencia instrumentados por el gobierno como forma de contención del impacto económico de la pandemia. La restricción es el costo fiscal de sostener estas medidas financiadas exclusivamente con emisión monetaria. En caso de caerse la intención de reestructuración ordenada de la deuda, el problema se tornará más importante aún.  

Un aspecto clave para la economía argentina de aquí en adelante, sobre todo vinculado al concepto de sostenibilidad de la deuda, del cual se habla tanto por estos días, es la generación de dólares de forma genuina. En este sentido, parte del programa de 60 medidas sobre el cual está trabajando el equipo económico, para encarar la salida de la crisis actual, tiene que ver con el trabajo sobre la balanza comercial, ya sea por estímulos sobre las exportaciones, como por sustitución de importaciones, para mejorar la generación de dólares. En este sentido, la semana pasada se conoció el saldo de la balanza comercial de junio, que arrojó un superávit de U$S 1.484 millones (vs U$S 1.893 millones en mayo de 2020 y U$S 1.068 millones en junio 2019). De esta manera, en los últimos 12 meses el saldo acumulado asciende a U$S 18.452 millones. Sin embardo, el comportamiento de los componentes de los resultados no resulta el ideal, ya que las exportaciones caen, y el resultado positivo responde a que las importaciones caen más. Las exportaciones cayeron -8,7% anual, a U$S 4.876 millones, y se registraron importaciones por U$S 3.302 millones, cayendo -20,8% en términos interanuales. Por el lado de las exportaciones, los productos primarios presentaron un fuerte incremento, de 46,3%, mientras que las manufacturas de origen agropecuario cayeron un -8,2%, y las manufacturas de origen industrial presentaron un derrumbe de -45,9%. Este perfil exportador, completamente dependiente de las exportaciones de productos primarios, es el que debe modificar el país para lograr quebrar la eterna restricción externa. Por el lado de las importaciones, en todos los rubros se observan caídas, menos en el caso de los bienes de consumo, que crecieron un 7,1%. Los bienes de capital cayeron -26,8%, los bienes intermedios -4,3%, piezas y accesorios -37,7% y vehículos -53,8%. Un proceso de sustitución de importaciones debería modificar estos comportamientos, y priorizar la importación de bienes de capital. 

En relación al ritmo de emisión monetaria necesario para sostener la crisis, los datos resultan elocuentes. El 24 de julio (último dato disponible) el Banco Central le transfirió al Tesoro Nacional $ 70.000 millones en concepto de adelantos transitorios (la última transferencia por este concepto había sido el 7 de abril). En el acumulado del año, el financiamiento monetario al tesoro (entre transferencia de utilidades y adelantos transitorios) acumula $ 1.417.000 millones (70% de la base monetaria promedio para el período). Esto plantea un gran desafío a futuro, que será desarmar a tiempo la cantidad de pesos en circulación, para evitar un traslado a precios que lleve a retornar a una dinámica de aceleración inflacionaria, cuando comience a superarse la recesión tan fuerte. 

Con el fin de sostener la demanda de pesos y cortar un poco la fuga hacia el dólar, el BCRA decidió aumentar la tasa mínima de los depósitos a plazo fijo hasta el 87% de la tasa de Leliqs (desde 79%). Esto dejaría a la tasa en aproximadamente 33%, desde el 30% actualmente. De todas maneras, este aumento se hará solamente sobre los depósitos a plazo menores a 1 millón (de la misma manera que se hizo la primera vez que se tomó esta medida, y luego se amplió a todos los depósitos sin límite de monto), lo que implica que la tasa Badlar, que es la tasa promedio de los depósitos de más de $1 millón no se vería afectada. Por otro lado, se permitirá a las entidades financieras aumentar su posición excedente en Leliqs en un 13% sobre los saldos de estos depósitos. 

En el corto plazo, la clave de la recuperación está en apuntalar el mercado interno, y para esto es necesario mejorar el poder adquisitivo de los ingresos. Por el momento, los salarios siguen sufriendo, con paritarias suspendidas y aumento del desempleo. El índice de salarios de mayo cayó -0,1% mensual, desde un aumento de +0,2% mensual en abril. En los últimos 12 meses registra un aumento de 38,3%, por debajo de la inflación acumulada en el período que avanzó 43,4%. De esta manera, en términos reales el índice de salarios acumula una caída de -3,5% anual.

EL Banco Central publicó el balance cambiario de junio. La Cuenta Corriente tuvo un superávit en el mes de U$S 1.562 millones (desde un déficit de U$S -322 millones durante el mes previo y por encima del superávit de U$S 933 millones en junio 2019). En el acumulado del año el superávit alcanza U$S 1.259 millones, por debajo del superávit de U$S 2.126 millones en el primer semestre del 2019. El Balance comercial mostró un superávit de U$S 2.066 millones (las exportaciones cayeron -10% anual mientras que las importaciones un -5% anual). Consecuencia de la pandemia, el turismo tuvo un déficit de U$S -134 millones (-72% anual). Consecuencia del default, la cuenta intereses tuvo pagos netos por U$S -319 millones (-64% anual). Dentro de la cuenta financiera, el sector privado no financiero tuvo compras netas por U$S 916 millones, desde compras netas por U$S 3.124 millones en junio 2019. El sector privado financiero tuvo compras netas por U$S 1.120 millones, desde U$S 994 millones en junio 2019.