Por estos días la atención está puesta en la negociación por la reestructuración de la deuda pública. La semana pasada se aprobó casi por unanimidad en la Cámara de Diputados el proyecto de ley de restauración de la sostenibilidad de la deuda. Esta semana debería aprobarse finalmente en el Senado, y así convertirse en ley. Mientras tanto, el ministerio de economía publicó oficialmente el cronograma de eventos relativos a la reestructuración de la deuda, que luce muy apretado, y tiene como objetivo terminar todo el proceso al 31 de marzo. En paralelo, por estas horas, la situación luce muy tensa entre los tenedores de títulos provinciales y el gobierno de Axel Kicillof. El vencimiento para el plazo de presentación de acuerdos para postergar el pago del vencimiento del 26 de enero, que originalmente era el 22 de enero, se postergó luego al 31 de enero, y finalmente a mañana 4 de febrero. Esto porque no logra juntarse el 75% de las voluntades necesarias para cerrar el acuerdo de manera voluntaria, y evitar la posterior aparición de fondos buitre. La fecha de mañana es límite, ya que el 5 de febrero se cumplen los diez días del período de gracia de la fecha de pago original (26 de enero). Si mañana martes 4 no se logra juntar el 75% de tenedores de los títulos BP21, que acepten voluntariamente la postergación del pago de capital al 1 de mayo, la provincia entraría formalmente en default. En pos de lograr el objetivo, el gobierno de la provincia mejoró ya dos veces la oferta inicial. En primer lugar, anunció que a quienes acepten la propuesta de postergación en el pago del capital se le adelantarán los intereses devengados al 1 de mayo, y luego, se comunicó también que si la operación resulta exitosa se pagaría el 30% del capital con vencimiento ahora.

Toda esta tensión con la deuda de la provincia más importante del país ocurre en el inicio formal del proceso de reestructuración de la deuda soberana, y en medio de un viaje clave para esto, del propio presidente Alberto Fernández, y del Ministro de economía, Martín Guzman, quienes están realizando encuentros con mandatarios y autoridades del FMI. Cabe destacar en este sentido, el encuentro que tendrá lugar el 5 de febrero en el Vaticano, en el marco de una reunión de economistas, y luego del encuentro de la semana pasada entre Fernández y el papa Francisco, en el cual se abordaron como ejes principales la situación de la pobreza y de la deuda. Si al final del camino el gobierno logra el objetivo de reestructuración voluntaria de la deuda, la Argentina despejará su horizonte de vencimientos, lo cual le daría grados de libertad para poder implementar políticas económicas que apunten a la recuperación del crecimiento. Caso contrario, el país ingresaría nuevamente en default, con todas las consecuencias que eso implica, para una economía que necesita sostener su relación, tanto comercial como financiera, con el resto del mundo, a la vez que requiere de inversiones extranjeras para llevar adelante proyectos clave para el desarrollo, como por ejemplo la explotación del yacimiento de Vaca Muerta, que podría modificar sustancialmente la matriz energética nacional.

En relación a las proyecciones de las principales variables económicas, la encuestadora de Bloomberg News prevé que el PBI argentino de 2019 caiga -2,5% anual (desde -2,8% anual). El grupo de 17 economistas encuestados entre el 17 de enero y el 22 de enero, esperan que el PBI de 2020 caiga en promedio -1,6% anual (desde -2% anual) y que el IPC de 2020 aumente un 48% anual (desde 47.6% anual).

Por su parte, el Banco Central publicó algunos lineamientos de lo que será su política monetaria, sin publicar hasta el momento metas numéricas. Se definió que, la tasa de interés de referencia (leliq) se evitará que caiga en niveles reales negativos, es decir, que no sea inferior a la inflación. En cuanto a los precios se procura inducir una reducción gradual pero sostenible de la tasa de inflación, debido a la política monetaria, cambiaria, fiscal y los acuerdos de precios. En cuanto a la cantidad de dinero en la economía, se estableció que buscarán promover una expansión prudente de los agregados monetarios, evitando desequilibrios que afecten al proceso inflacionario. Y en relación el tipo de cambio realizarán una política de flotación administrada, y buscarán la acumulación preventiva de reservas internacionales, sobre la base del ingreso genuino de divisas provenientes del sector externo. Mientras tanto, bajó nuevamente la tasa de política monetaria (leliq), a 48% desde 50%, con el objetivo de definir un sendero de tasas de interés compatible con la recuperación económica. La tasa bajó un 7% en enero y 15% desde que asumió el nuevo directorio. Esto tiene como objetivo aportar a la dinamización del mercado interno, aunque debe seguirse de cerca si al mismo tiempo se va reduciendo la inercia inflacionaria.

Se conocieron datos la semana pasada, correspondientes al último mes completo de gestión del gobierno de Macri, que confirmaron la tendencia de los cuatro años en relación a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Durante noviembre, el índice de salarios creció +2,4% mensual (desde +3,2% mensual en octubre, y de esta manera acumula un aumento de +40,7% en los últimos 12 meses. En el mismo período, la inflación avanzó +52,1% por lo que, en términos reales, el índice registra una caída de -7,2% anual. Los salarios registrados, si bien perdieron crecieron un +2,8% mensual, mientras que los salarios no registrados perdieron más aún, ya que aumentaron sólo un +2,3% mensual.

Las ventas minoristas, que representan al consumo, principal componente de la demanda agregada, y aquel al que apunta la política económica del actual gobierno para volver a dinamizar el mercado interno, presentó en enero una nueva caída, de -3,5% anual. Sin embargo, el informe de la entidad advierte que se observa cierta recuperación del consumo a partir de la inyección de dinero sobre los sectores de menores ingresos que tuvo lugar en las últimas semanas. Este indicador de ventas releva también las ventas on line. Si se considera sólo el caso de los locales comerciales, la caída es más fuerte aún, ya que alcanza un -4,1% anual. Las bajas más fuertes se observan en Bijouterie y joyerías (-9,5%), y ferretería y materiales para la construcción (-8,4%). Como dato positivo, las expectativas de los empresarios presentaron una mejora, y el 86,1% espera que en los próximos tres meses las ventas se mantengan en los niveles actuales o mejoren.

Por último, algo que deberá monitorearse muy de cerca por estos días, y donde preocupa el hecho de que no baste con el programa de precios cuidados para lograr controlarla, es la inercia inflacionaria. De algunos relevamientos sobre productos puntuales se concluye que la dinámica de subas en los precios es muy fuerte aún, y no cede. Durante el mes de enero se observaron aumentos en carne picada común (19,13%), te en saquitos (12,71%), Pollo (11,79%), Polenta (10,47%), Arroz (10,36%), Huevos (7,61%), Aceite (6,56%), Café (5,9%), y Yerba (4,56%). Se trata de un conjunto de aumentos muy fuertes en tan sólo un mes, y todos ellos pertenecientes a la canasta básica. Es importante el control sobre formadores de precios y grandes cadenas de comercialización, así como alinear las expectativas macroeconómicas, para lograr frenar esta dinámica, que puede echar por tierra el esfuerzo de búsqueda de estímulo de la demanda.