Luego de días de mucha tensión, la semana pasada el gobierno pasó a la acción y logró contener la escalada de las cotizaciones de los dólares en sus versiones alternativas. Un conjunto de medidas, lograron disipar un poco el modo pánico que dominó al mercado y al público en general por unos días. El primer gesto de orden tuvo que ver con haber puesto al mando de la coordinación de la política económica al ministro Martín Guzmán, luego de los visibles cortocircuitos de hace unos días atrás, que generaron medidas contradictorias y errores que marcamos oportunamente en estos informes por parte de la conducción del BCRA. Muchas de estas medidas fueron revertidas con el mando en poder de Guzmán. Sin embargo, en un primer momento el mercado financiero pareció darle la espalda al ministro en su nuevo rol de coordinador de la política económica y la brecha se disparó hasta alcanzar niveles sin ningún correlato con la realidad. De hecho, en nuestro informe de la semana pasada, advertíamos de esta situación de burbuja especulativa, que dejaba en evidencia un comportamiento irracional en el mercado cambiario, y que los niveles alcanzados no tenían ningún sentido. A partir del lunes pasado, la racionalidad volvió a escena y la brecha comenzó a reducirse, mientras desde el gobierno se tomó las riendas de la operatoria en el dólar bolsa y el CCL. En paralelo, se anunciaron un conjunto de medidas que buscaron dar mayor flexibilidad en el acceso a estos mercados, otorgándoles así mayor liquidez, se colocaron instrumentos de deuda en pesos, en particular letras atadas a la evolución del tipo de cambio oficial, se subieron las tasas de interés en pesos, se implementaron mayores controles sobre el acceso al mercado cambiario por importaciones, y se anunció la colocación de un nuevo bono en dólares, que se licitará esta semana, para ofrecer una alternativa a los fondos de inversión que habían ingresado al país durante el gobierno de Macri y que pujaban en el mercado de dólar CCL para salir del país. Esta emisión se realizará por 750 millones de dólares. Esto descomprimiría en parte el problema que genera la salida de estos fondos, porque se estima que son cerca de 4.000 millones de dólares lo que tienen aún en el país. Seguramente, unas semanas más adelante se anunciará una nueva colocación, muy probablemente para enero. Todas estas medidas implementadas de manera coordinada permitieron comprimir la brecha cambiaria durante la semana pasada.

En el inicio de esta semana, esta tendencia de compresión de la brecha se sostiene por el anuncio a primera hora del lunes de un comunicado de parte del ministerio de economía, que busca dar previsibilidad a la política económica, y una fuerte señal de control fiscal y monetario. Se confirmó que para lo que resta del año no se recurrirá más a los AT (adelantos transitorios del BCRA) que se utilizan para financiar el tesoro. Esta dominancia fiscal (la necesidad de emisión monetaria para financiar el déficit fiscal) preocupa mucho a los agentes económicos, que temían una lluvia de pesos descontrolada. Frente a la falta de un plan económico, muy demandado por el mercado y denegado por el propio presidente Fernández, estos anuncios de parte del equipo económico, buscan disipar de dudas el horizonte e ir acomodando la macroeconomía. La intención al alinear estas señales es disparar las inversiones de parte del sector privado, que vienen dilatadas por la falta de confianza, para de esta manera sostener la recuperación de la actividad económica. 

En cuanto a la actividad económica, comienza a percibirse cierta desaceleración en el rebote luego del piso de abril/mayo, donde pareciera que falta impulso por el lado de la demanda, como consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. En este sentido, se confirmó la semana pasada que las ventas en supermercados cayeron un 5,7% anual en agosto, mientras que las ventas en centros comerciales continúan evidenciando un derrumbe (-79% anual), con muchos de ellos aún cerrados por la pandemia. En línea con la falta de recuperación del poder adquisitivo de los salarios, la semana pasada el INDEC dio a conocer los datos de evolución de salarios de agosto. El índice de salarios avanzó +2% mensual (por debajo de la inflación que fue de +2,7% mensual). De esta manera, en los últimos 12 meses registra un incremento de 32%. Sin embargo, en términos reales, el índice de salarios cayó -6,1% anual. La pronta recuperación de esta dinámica resulta clave para sostener la actividad. 

En orden con el mensaje de disciplina fiscal y monetaria que busca dar el gobierno, la semana pasada se realizó una colocación de varios instrumentos en pesos, que logran captar $255 mil millones, lo cual permitió cancelar anticipadamente 100.000 millones de pesos de adelantos transitorios (AT) al BCRA, de un total de $533.000 millones. Como medida adicional sobre las expectativas, el representante de la Argentina frente al FMI, Sergio Chodos, deslizó que como parte del acuerdo con el FMI podría ocurrir el desembolso que quedó pendiente con el cambio de gestión a fin del año pasado, por US$5.500 millones. La clave sobre este acuerdo está puesta en las condiciones que el organismo intente imponer a la Argentina y la posición del gobierno, que está dispuesto a mantenerse firme en esta negociación, sin ceder terreno a estas exigencias. 

El anuncio de inicio de esta semana por parte del ministerio de economía intenta mostrar disciplina fiscal y monetaria. En concreto se comunicó que durante los meses de noviembre y diciembre no se solicitarán asistencias del Banco Central al Tesoro en forma de Adelantos Transitorios, tras las cancelaciones efectuadas en los últimos días. En cuanto a la política financiera para el cierre del año, se apunta a renovar la totalidad de los vencimientos de capital e intereses y obtener financiamiento neto de mercado por hasta un 10% respecto al total de vencimientos de dicho período. Cualquier incremento de financiamiento neto que supere ese umbral será destinado a reducir adicionalmente el nivel de asistencia del Banco Central.

Sin embargo, los datos del balance cambiario siguen resultando preocupantes. EL BCRA publicó que la cuenta corriente, en septiembre, tuvo un déficit de U$S -601 millones (desde un déficit de U$S -462 millones en agosto y un superávit de U$S 1.422 millones en septiembre 2019). La balanza comercial tuvo un superávit de U$S 150 millones (exportaciones cayeron -14% y las importaciones subieron +51% anual). Este comportamiento de las importaciones no tiene correlato con la realidad de la actividad, sino que se explica por la generación de operaciones con el único objetivo de acceder a dólares baratos en el mercado cambiario. En turismo, el déficit cayó -53% anual, a U$S -182 millones. En cuanto a los intereses, el déficit cayó -48% anual, a U$S -323 millones. La cuenta financiera tuvo un déficit de U$S -952 millones (desde U$S -453 millones en julio y U$S -6.659 millones en septiembre 2019). El sector privado no financiero tuvo compras netas por U$S 1.098 millones, desde compras netas por U$S 1.150 millones en agosto y U$S 3.339 millones en septiembre 2019. El sector privado financiero tuvo ventas netas por U$S 205 millones, desde ventas por U$S 364 millones en agosto. Las compras de minoristas (personas humanas) totalizaron U$S 643 millones y vendieron U$S 12 millones (desde compras por U$S 768 millones y ventas por U$S 18 millones en agosto), realizado por casi 3,4 millones de personas, desde casi 4 millones en agosto. Las medidas restrictivas redujeron la cantidad de ventas por cupo de US$200 mensuales para ahorro, aunque siguen siendo altas.

Por el momento, logró calmarse la tormenta, que parecía que llevaba a la brecha cambiaria a una dinámica incontrolable, donde el dólar en sus valores alternativos parecía no tener techo. La coordinación de la política económica es una buena noticia, y las medidas anunciadas van en el sentido correcto. Sin embargo, el equipo económico debe seguir atentamente el comportamiento en el mercado financiero de algunos agentes que se encuentran al acecho para retornar a la inestabilidad.