Pasa el tiempo, las definiciones no llegan, y la economía lo sufre cada vez más. La falta de señales sobre el necesario reacomodamiento de la brecha cambiaria, sobre el control de la nuevamente disparada inflación, sobre el acuerdo o no con el FMI, entre otras, suman incertidumbre a una muy delicada situación económica. Hace varias semanas advertimos en estos informes sobre la necesidad de generar mecanismos alternativos para captar el ingreso de divisas al país que se va por canales alternativos. Unos días atrás trascendió la intención oficial de generar un mecanismo para captar el ingreso de divisas de turistas que llegan al país, pero aún no se oficializó, no está claro el mecanismo, y el déficit por esta cuenta en la balanza de pagos sigue creciendo fuertemente con el levantamiento de las restricciones para viajar. Tampoco se entiende por qué este mecanismo no aplicaría para quienes venden servicios hacia el exterior, que utilizan canales alternativos para cobrarlos, y eludir el tipo de cambio oficial, cuyo valor ya es la mitad de los alternativos.

La intención de congelamiento de un conjunto de 1432 productos básicos para buscar proteger a los sectores más vulnerables es válida, pero debe acompañarse de un programa antiinflacionario, si se busca el éxito, sino vamos a un desabastecimiento y una disparada en los precios del resto de los productos. También lo advertimos en nuestros informes cuando se anunció el inicio de este programa hace unos días atrás. En relación a la deuda con el FMI, no existe un consenso dentro del frente gobernante, los mensajes son contrapuestos, y el escenario macroeconómico hoy choca de frente con la posibilidad de un nuevo acuerdo que permita postergar vencimientos y adoptar un cronograma de pagos sostenible que, a la vez, aleje el fantasma del default del primer trimestre del año próximo. En el inicio de 2022 se enfrentarán vencimientos abultados en dólares, en un contexto de reservas netas exiguas (US$ 3.500 millones a diciembre).

Los compromisos en moneda extranjera alcanzan los US$ 1.740 millones en enero, US$ 730 millones en febrero y US$ 3.200 millones en marzo. De estos más de US$ 5.600 millones, US$ 3.980 corresponden al FMI, US$ 985 millones a organismos internacionales y US$ 705 millones a acreedores privados (en el marco de la renegociación efectuada por el actual ministro en el 2020). Por eso, resulta importante estudiar los tiempos con que cuenta el país, para alcanzar un acuerdo con el organismo. En caso de un atraso de pagos al Fondo Monetario, dos semanas después del incumplimiento, el mismo envía un documento al Ministro de finanzas o al presidente del Banco Central, reclamando el pago inmediato.

Dos semanas después, el director gerente notifica a la junta ejecutiva, y, a los seis meses, clasifica al país dentro de “morosos prolongados”. En última instancia, a los dos años de haber incumplido el vencimiento, podría comenzarse un proceso para expulsar al país del organismo. Es esperable que, en el actual contexto de salida de la pandemia, el organismo evite empujar al abismo del default a la Argentina, y se logre alguna postergación de común acuerdo de los vencimientos, pero sin llegar a un nuevo acuerdo. Sería un punto intermedio, que no abriría la posibilidad de contar con financiamiento externo, pero que no dispararía los problemas que devienen de un default.

En medio de la disputa con las grandes cadenas de supermercados por los precios congelados, se conocieron los datos de ventas. Durante agosto, las ventas en supermercados aumentaron +4,5% anual, medidas a precios constantes (vs. +4,2% anual en julio). Se trata de uno de los muy pocos sectores que no sufrieron caídas en ventas durante la pandemia y posteriormente a la misma, sino todo lo contrario.


En línea con trabajar sobre la brecha cambiaria, intentando no afectar la producción, el BCRA tomó algunas decisiones vinculadas al acceso a dólares para importaciones, y al ingreso de dólares por turismo. Por un lado, los insumos que se importen para ser utilizados en la elaboración de bienes en el país podrán ser abonados en puerto (en lugar de cuanto lleguen al país) de origen, a partir del 1 de noviembre por hasta el monto equivalente al promedio del valor de las importaciones totales que se realizaron en los últimos doce meses. También dispuso a partir del 1 de diciembre mantener el régimen de pago anticipado para bienes de capital por hasta el 80% del valor antes de su ingreso al país. Además, la proporción de la operación que se abona antes del embarque de los bienes de capital no podrá superar el 30% del monto total. Esto flexibiliza en cierta medida las medidas tomadas el 5 de octubre que ponían un límite de U$S 250.000 para la cancelación de anticipos. Por otra parte, dispuso que los turistas que ingresen al país podrán abrir una cuenta bimonetaria en los bancos locales, pudiendo hacer operaciones financieras para el cambio de moneda (es decir MEP) por un importe de hasta U$S 5.000.

En relación al balance cambiario, el BCRA publicó los datos de septiembre, donde se observa que la cuenta corriente tuvo un déficit de U$S -785 millones, desde U$S -308 millones en agosto y U$S -601 millones en septiembre 2020, y la cuenta financiera tuvo un déficit de U$S -2.384 millones, desde un superávit de U$S 3.866 millones el mes pasado, principalmente por que la cuenta de pagos realizados por el Gobierno tuvo una salida neta por U$S 2.106 millones (por el pago al FMI).
Mientras tanto, no se logra solucionar el problema de fondo de la debilidad del mercado interno, que es la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Según el índice de salarios del Indec, durante agosto se registró un aumento de +3,2% mensual (desde +4,9% mensual en julio), y en los últimos 12 meses se registra un aumento de +49,1%. Sin embargo, en términos reales (luego de descontarle la inflación) el índice de salarios registra una caída de -1,5% anual. Los salarios registrados del sector privado crecieron un +3,3% mensual, los salarios no registrados del sector privado un +2,5% mensual, y los salarios del sector público un +3,2% mensual.

Mientras la actividad se recupera del impacto de la pandemia, no se logra contener la inflación, ni ordenar el mercado cambiario, ni resolver el conflicto por el endeudamiento, ni generar empleo. Es necesario consensuar un plan económico que apunte a solucionar todos estos problemas lo antes posible, porque en caso contrario, se avecina una crisis más fuerte aún, con elevada conflictividad social. En caso de confirmarse un resultado similar al de las PASO de septiembre en las elecciones generales dentro de dos semanas, la debilidad política y el quiebre de la coalición gobernante, pueden complicar más el escenario.