Se termina uno de los peores años en términos de resultados económicos de nuestra historia. Un año que cerrará con una caída del PBI en torno al 12%, con un desempleo alrededor del 20% si se ajusta por actividad, con la pobreza por encima del 40%, con inflación persistentemente alta (35%), con 1350 puntos de riesgo país -acuerdo con acreedores mediante-, con una deuda impagable aún no renegociada con el FMI, con serios problemas estructurales y coyunturales para la generación de dólares, con tensiones cambiarias, con un déficit fiscal imposible de sostener (7/8% del PBI), con un insostenible nivel de emisión monetaria, y con un estrangulamiento en el frente externo cada vez más visible. Gran parte de todos estos problemas son la consecuencia de la herencia de la gestión anterior, que marcaron cuatro años de tragedia económica en nuestro país, y otra parte se debe a la aparición de la pandemia en el comienzo de este año, que hizo estragos en el mundo. El estancamiento de la economía argentina acumula ya casi diez años consecutivos, y el nivel de PBI per cápita ha retornado a niveles de 1990, es decir que las sucesivas crisis de los últimos años nos han hecho retroceder 30 en cuanto a producción y riqueza nacional. Una torta cada vez más chica, y peor distribuida. Este es el punto de partida del año que se inicia en los próximos días. Desde el punto de vista la situación es realmente muy compleja, por las restricciones imperantes. Será necesario recomponer rápidamente el poder adquisitivo de los ingresos y re dinamizar el mercado interno, pero el margen de maniobra para lograr este objetivo es muy limitado, con empresas muy golpeadas después de este duro año, y con un sector público que ha agotado todas sus formas de financiamiento. En los primeros meses del año resultará clave el cierre de un nuevo acuerdo con el FMI, que despeje el horizonte de vencimientos con el organismo, y aleje así al país nuevamente del default, pero que brinde grados de libertad para poder trabajar en la expansión necesaria. Si el acuerdo llegara a contemplar las restricciones siempre impuestas por el organismo en materia de ajuste, la economía continuará estancada y los indicadores sociales podrían alcanzar registros trágicos. El otro gran desafío para el año entrante es acomodar los problemas de fondo que explican la tensión cambiaria, que por el momento está siendo controlada con intervenciones sobre los mercados de acceso a dólares alternativos (dólar bolsa, dólar CCL), pero que no deja de ser una contención transitoria hasta tanto se logre mostrar una recomposición en el ingreso genuino de divisas por el canal comercial. Los últimos datos al respecto, que se describirán con detalle más adelante en este informe, generan mucha preocupación. 

La situación fiscal se encuentra por estos días en el centro de atención, debido a las limitaciones para financiarla y la necesidad de un nuevo acuerdo con el FMI, que siempre pone el foco en este aspecto. La semana pasada se conoció que en noviembre se alcanzó un déficit primario de $58.693 millones (el menor desde marzo), y que acumula 6% del PIB en los últimos doce meses mientras que, sumando intereses, el déficit financiero acumula un 8,3% del PIB en igual período. Los gastos primarios crecieron 40% anual que, si bien es la menor tasa de crecimiento desde diciembre de 2019, aún crecen muy por encima de los ingresos primarios (27% anual). La desaceleración de los ingresos se debió a la seguridad social, por las medidas de alivio fiscal para las empresas en el marco del programa ATP (reducción de contribuciones patronales), y al comercio exterior, porque el adelantamiento de exportaciones observado el último trimestre del 2019 (mayor base de comparación) y la baja de derechos de exportación anunciada en octubre del 2020, redujeron estos ingresos. Según fuentes oficiales, el déficit se cubrió en un 70% con emisión monetaria y un 30% a través de colocaciones de deuda en el mercado local. La dinámica de los últimos meses da cuenta de una recomposición, después del impacto de la cuarentena a mitad de año, pero aún sigue siendo preocupante, sobre todo de cara al año que se inicia, en el que será importante la intervención del Estado con políticas expansivas. 

Mientras tanto, el BCRA sigue recomponiendo muy de a poco algo de reservas, con intervenciones en el mercado cambiario que lo dejan del lado comprador. Si bien los montos son insignificantes, al menos dejó los últimos días de posicionarse siempre del lado vendedor. Se alcanzó un total de compras por U$S 258 millones durante el mes, rompiendo la tendencia de los últimos cinco meses que acumulaban ventas de divisas a esta altura del mes. 

Un aspecto clave y ligado directamente al tipo de cambio es la inflación. Se conocieron la semana pasada los datos de inflación mayorista y costo de la construcción. La inflación mayorista durante noviembre fue de +4,2% mensual (desde +4,7% mensual en octubre). De esta manera, en lo que va del año acumula un aumento de +29,7% y en los últimos doce meses avanzó +34,4%. Por el momento va en línea con la inflación minorista, aunque habrá que seguir de cerca el mercado cambiario, ya que si surgen nuevas tensiones en ese frente podría acelerarse esta inflación, anticipando a los precios al consumidor. Por su parte, el índice del costo de la construcción registró durante noviembre un aumento de +12,4% mensual (desde +3,6% mensual en octubre). De esta manera, en lo que va del año acumula un aumento de +37,9% y en los últimos 12 meses avanzó +41,9%. En particular, mano de obra aumentó un +17,9% mensual, materiales un 7,5% mensual, y gastos generales un +10% mensual. El reinició de la actividad, que estuvo completamente frenada varios meses, generó un salto en el registro mensual, que llevó a que el acumulado de doce meses se ubique por encima del resto de los índices de precios. El sector de la construcción tiene la particularidad de no trabajar con gran participación de insumos importados, de manera que no debería tener una vinculación al tipo de cambio más estrecha que el resto de los precios. El comportamiento se explica por decisiones de naturaleza especulativa de parte de monopolios claves para el funcionamiento del sector. 

El BCRA publicó el balance cambiario de noviembre. La cuenta corriente tuvo un déficit en el mes de U$S 340 millones (desde un superávit de U$S 1.350 millones en noviembre de 2019). Turismo tuvo un déficit de U$S -151 millones (-64% anual), y la cuenta intereses tuvo pagos netos por U$S -574 millones (-51% anual). En cuanto a la cuenta financiera, el sector privado no financiero compró U$S 583 millones en noviembre (desde U$S 529 millones un año antes). En el acumulado de los últimos doce meses compraron U$S 8.075 millones (desde U$S 34.924 millones en los doce meses anteriores). 

Por su parte, la balanza comercial durante noviembre tuvo un saldo de U$S 271 millones (desde US$ 666 millones en octubre 2020 y U$S 2.484 millones en noviembre 2019). En los últimos doce meses, acumula un saldo de U$S 14.738 millones. Las exportaciones cayeron -25,6% anual, a U$S 4.385 millones, y las importaciones aumentaron +20,7% anual, hasta U$S 4.114 millones. Resulta preocupante el ritmo de caída del resultado comercial superavitario, que a mitad de año alcanzo casi los 1900 millones de dólares en un mes, luego se estabilizó en torno a los 1400 millones, y tras sucesivas bajas, se alcanzó este registro por debajo de los 300 millones. El comportamiento de exportaciones que siguen cayendo, con recomposición de importaciones, consecuencia de la recuperación económica, permiten avizorar un estrangulamiento, con serio impacto en el frente cambiario, si no se logra atender a tiempo. Los comportamientos especulativos, y las maniobras de elusión al fisco, juegan un rol preponderante aquí.

En cuanto al mal momento que atraviesa el comercio, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) afirmó que el 15,6% de los locales comerciales del país cerraron en el marco de la pandemia y del aislamiento social, preventivo y obligatorio. Se registran en todo el país un promedio de nueve locales comerciales vacíos por cuadra y un total de 90.700 locales vacíos, con el cierre de 41.200 PyMEs, lo que involucra a 185.300 empleos. Los rubros que registraron mayores cierres, de acuerdo con el relevamiento, fueron: indumentaria, calzados, decoración y textiles para el hogar. 

Durante octubre, el estimador mensual de la actividad económica (EMAE) avanzó +1,9% mensual (desde +2,1% mensual en septiembre) registrando su sexto aumento consecutivo en términos intermensuales. Sin embargo, en términos interanuales registró una caída de -7,4% anual (desde -6,3% anual en septiembre 2020), y en lo que va del año acumula una caída de -11,3% en comparación con el período enero-octubre de 2019. Las caídas más significativas se dieron en transporte y comunicaciones (-20,3% anual) y hoteles y restaurantes (-54,5% anual). Por otro lado, el sector intermediación financiera fue el único que registró una variación interanual positiva y avanzó +9,4% anual. Los datos confirman la necesidad de fortalecer el mercado interno con carácter de urgente.